
LA LUZ Y EL TÚNEL
Dos imágenes de la semana pasada: Una) la solemne sesión donde abogados con blancas pelucas desgranan discursos sobre derecho internacional, dos) furiosos choques y desbandadas, envueltas en espesas volutas de gas, durante los enfrentamientos entre la Policía y los productores de coca yungueños.
Con prisa y ostentosa diligencia, apenas una hora después de posesionado, el nuevo gobierno chileno ha encomendado a su ministro de la presidencia adelantar que la política de Estado chilena frente a la demanda boliviana será defender "su integridad, territorio y su soberanía".
Si algo queda fuera de duda como resultado de las jornadas de resistencia de la semana anterior, es que el mayor peligro, el temor más lacerante y la causa más continua de desvelos del régimen tiene como nombre “movimientos sociales”.
La perplejidad que nos asalta ante la deflagración que agregó cuatro muertes y diez nuevas víctimas a las del sábado anterior en Oruro, refleja cómo encaramos, sin preparación o pista alguna, la brutal irrupción de expresiones de violencia previamente desconocidas en nuestro medio.
El discurso presidencial que precedió a la apertura de la Feria de Alasita y condensa los éxitos que el Presidente identifica en el año previo de gestión nos dio el tono, esta vez, de la plantilla que planea usarse para promover la cuarta candidatura presidencial a fines de 2019.
El séquito, es decir el grupo que rodea, custodia y se alimenta de las acciones y decisiones del jefe de Estado, experimenta la asfixia de los barrotes que ha construido para disfrutar del poder. Ese encierro, laboriosamente edificado, les impide decirle abierta y francamente al Presidente que el camino de la reelección es la ruta hacia su derrota.
Cuando un golpe hiere dos veces, el dolor no se duplica, se multiplica muchas veces. Es eso lo que reflejan las expresiones del primer y segundo mandatario cuando, desde el podio que construyeron para mostrar al mundo que Bolivia es un país dedicado a gozar del automovilismo de alta gama, y no a protestar, se alzó una voz que rompió el protocolo para reclamar que se cumpla la Constitución y se respete la decisión soberana.
La marea de votos blancos y nulos representa a una compacta mayoría ciudadana que expresa sin complejos, con plena autonomía, su repudio a la reiteración de una mala comedia y al régimen que la ha montado para controlar y concentrar el poder. Negar su carácter político es tan falso como suponer que pueda considerarse base de votantes de alguna de las fuerzas opositoras.
¿Qué consigue el poder prometiendo látigo para los miles y miles que publicamos a diario nuestra intención de votar blanco o nulo el 3 de diciembre?
Una vez que el principal, o único, teórico de la revolución democrática y cultural pasa a afirmar que los derechos de la humanidad tienen que adaptarse a las necesidades electorales de una persona y su grupo de servidores, se puede esperar que cualquier posibilidad de sorpresa está cancelada, en la dimensión del uso de conceptos.

