
LA LUZ Y EL TÚNEL
Resalta, en los días previos a la elección, la insistencia de las afirmaciones gubernamentales acerca de que el nacimiento, prolongación y concurrencia de conflictos y protestas sería parte de la ultimísima conspiración derechista para aplacar el brillo de su gestión y el esplendor de su próximo triunfo electoral con el 70% de los votos.
De no mediar su estridencia, podría buscarse alguna armonía en la cotidiana e incontenible cascada de números que cae sobre nuestras cabezas. Con extrema buena voluntad, podríamos visualizar una danza de números para convencernos de que todo está bien y que marchamos al encuentro de un futuro prometedor, tanto, que los electores celebran con un alza vertical de intención de votos la indolencia oficial ante la consumación de la mayor catástrofe ambiental.
Lo dijo el presidente, cuando afirmó que “nada puede hacerse”, sino evacuar a los damnificados. Sus ministros y parlamentarios, al señalar que se actuó a tiempo, que se debe felicitar al jefe de Estado por su “valerosa actuación”, la declaración de Leticia al proponer difusos acuerdos, no obligatorios ni perentorios.
Allegados del presidente Morales, califican de “sinceras” y “dignas” sus afirmaciones frente a la expansión de los incendios que han engullido bosques, principalmente en la Chiquitanía y que, sumados a los del Pantanal y Beni, superan el millón de hectáreas quemadas, configurando uno de los mayores desastres nacionales. Las reiteradas y prolongadas señales y advertencias previas, desmienten de raíz los elogios electoralistas, que propalan los amigos y dependientes del jefe de Estado.
Hoy como ayer, el informe anual del Presidente al país ha sido usado para abrillantar realizaciones, exagerar resultados y minimizar, cuando no sencillamente omitirr, las dificultades y los yerros. Lo novedoso es la manera en que estos hábitos han alcanzado sus cumbres con el régimen y sus cabezas; el Vice, en especial, no pierde la oportunidad de escenificar una ceremonia en la que disfrazado de académico reflexivo y solemne augur, combina estadísticas con inverosímiles análisis.
La proximidad de las elecciones agudiza las expresiones de inquietud por la posibilidad de que las fallas y carencias de la oposición partidista apuntalen las chances de que el régimen corone su afán de reelegirse. La primera fuente de este desasosiego proviene del más reciente sondeo y, la segunda, de la insubsanable división de las principales candidaturas que enfrentan al binomio oficial.
Se esperan tales cualidades de un colaborador, socio o anfitrión. Pero, cuando se proclaman a plena voz, por parte del vocero de un gremio que ha expresado tantas tribulaciones frente al gobierno de los 13 años, uno no puede evitar preguntarse, cómo se explica la inflamada adhesión del presidente de la federación empresarial paceña al “proyecto” gubernamental más extraviado.
Ninguno de los importantes, de los intocables, ni el jefe de jefes, el ministro del área, o el que preside las cámaras como ente fiscalizador, ni sus secretarios, voceros o representantes ha dicho una sola palabra sobre el envenenamiento de fuentes de agua de la sede de gobierno y, menos, del enseñoreamiento de depredadoras barcazas extranjeras en el corazón de nuestros ríos y del territorio nacional.
Nada; ninguna explicación, ningún comentario, ni siquiera una pregunta.
Suman unos 21.000 millones de bs, es decir, en dólares más de 3.000 millones, las principales obras y realizaciones ejecutadas por el régimen y que, ya han demostrado ser inútiles o irrecuperables o, con alto margen de seguridad, van rumbo a ingresar en esa categoría.

