
LA LUZ Y EL TÚNEL
Harían mal las bancadas ajenas al MAS, si no respaldan con toda fuerza y convicción la demanda de juicio de responsabilidades en contra del vocal Ceballos del TCP, presentada por la vicepresidenta de los Diputados.
Trémulos de emoción, igual que cuando se lanzó el satélite Túpac Katari o durante la espera del fallo de la Corte Internacional de Justicia, después de meses de atizar el suspenso, el presidente, el ministro de Hidrocarburos y ejecutivos de YPFB anunciaron, al promediar marzo, que nuestro país se asomaba a un fabuloso descubrimiento, al quebrar una marca continental, que nos aproximaba a los ocho mil metros de profundidad en la perforación del pozo Boyuy X2.
Del extenso discurso que pronunció el presidente Morales en la reunión del organismo antidrogas de la ONU pueden rescatarse tres afirmaciones que reflejan hechos consolidados. Uno, el modelo mundial vigente para enfrentar el problema ha fracasado. Dos, la producción de coca en Bolivia es la menor y la más estable entre los países andinos. Y, tres, disminuir drásticamente el consumo masivo de drogas en Estados Unidos y Europa es el eslabón clave para desarrollar una estrategia eficaz.
El paso de los días acentúa esa incómoda, por momentos opresiva, sensación que produce el incesante hartazgo, propio de la agobiante prolongación del régimen y la incertidumbre sobre si conseguirá mantenerse aferrado al poder, después de las tan cercanas elecciones nacionales.
En dos días seguidos, el jefe de Gobierno ha dejado sentado que no le cabe duda alguna de que está predestinado a imponerse, por cuarta vez, en las elecciones nacionales próximas. El sábado 16, al ratificar esta certeza deslizó, como una especie de consuelo para sus contendores, que después de su último triunfo, se retiraría en 2025. El domingo, afirmó que no hay forma de que pueda perder.
¿De dónde obtiene el presidente la pétrea convicción de que vencerá irrevocablemente en las elecciones de octubre?
Plantear que la salida de los vocales del Tribunal Supremo Electoral (TSE) es imperativa para contar con un órgano imparcial que presida las próximas elecciones, y que la renuncia de los del Tribunal Constitucional (TCP) es indispensable, para no dejar espacio a nuevas trampas institucionales, como la ilegal reforma de la Constitución y el desconocimiento de la voluntad soberana, no es más que poner de manifiesto dos de los nudos que amenazan con terminar de ahogar la vida democrática de nuestro país.
La realización de votaciones por binomios sin competidores, este próximo 27 de enero, alienta la ilusión de la jefatura del MAS de que avanza su plan de reelección forzosa, impunemente y sin mayores costos.
La granizada de críticas que han recibido las declaraciones del presidente Morales, al afirmar que “el cato de coca ya es para peones” (11-12-18) –es decir, la coca ya no sería la base económica de los cocaleros que no son peones– no repara, primero, que se trata de una novedad que le transmiten al mandatario sus compañeros que viven en Chapare y, segundo, que esa apreciación puede contener información significativa.
La pasión que le ha puesto el régimen, y ahora los vocales Tribunal Electoral (TSE), al impulso y realización de las llamadas elecciones primarias, esconde designios y anhelos que no guardan relación alguna con el avance de prácticas democráticas. Las forzadas votaciones partidarias del 27 de enero próximo están más bien encaminadas a profundizar las violaciones y el fraude perpetrados por el régimen y su Tribunal Constitucional (TCP), contra la libre y soberana decisión popular y la Constitución.

