
LA LUZ Y EL TÚNEL
En la declaración de prensa, acartonada y tensa, de 1 de junio, donde el Gobierno difundió su última verdad, hipótesis o versión sobre el homicidio del estudiante Jonathan Quispe, el ministro del ramo exhibió menos incomodidad que sus acompañantes, demostrando que su dilatada carrera en la cúpula del régimen ha reforzado sus aptitudes de operador, capaz de aventajar a otros más encumbrados incluso, como el vice, ya que al ministro no se le han escapado explicaciones matemáticas o consignas cósmicas determinadas por causas políticas o electorales.
No hay error; no hablo del Imperio del Mal, la frase con que Reagan lapidaba a la Unión Soviética, o la que aún usan los ayatolas contra los imperialistas, con la que unos tachan a sus contrarios como hogar y sede de la perversidad, de la malicia, verdadero nido de Satanás.
Se fue de la manera en que vivió: proclamándose víctima y, al mismo tiempo, ubicándose por encima de la justicia, de la institución que lo cobijó y protegió y del país todo. Eso significan su misiva póstuma y la exultante afirmación de su abogado quien proclamó que el exdictador no cumplió ni la mitad de la pena de 30 años, sino apenas 13 porque: “Vivió sus últimos (nueve) años en libertad en la clínica de Cossmil (sic)”.
Una de las novedades más características introducidas por el régimen que nos gobierna desde 2006 es la constancia y la rigurosidad con que asedia los espacios políticos que escapan a su dominio total. Las gobernaciones y alcaldías “ajenas” sufren un cerco rígido, pesado, continuo, que complica notablemente la capacidad de sus rivales para gobernar las parcelas arrebatadas al monopolio total.
Tuerce el gesto, mira chueco, descalifica, pero no responde. No es la escena de una mala película (¿o sí?), sino la reiteración de lo que hacen altos funcionarios bolivianos cuando una pregunta, una petición, una demanda les perturba, irrita o desconcierta.
Dos imágenes de la semana pasada: Una) la solemne sesión donde abogados con blancas pelucas desgranan discursos sobre derecho internacional, dos) furiosos choques y desbandadas, envueltas en espesas volutas de gas, durante los enfrentamientos entre la Policía y los productores de coca yungueños.
Con prisa y ostentosa diligencia, apenas una hora después de posesionado, el nuevo gobierno chileno ha encomendado a su ministro de la presidencia adelantar que la política de Estado chilena frente a la demanda boliviana será defender "su integridad, territorio y su soberanía".
Si algo queda fuera de duda como resultado de las jornadas de resistencia de la semana anterior, es que el mayor peligro, el temor más lacerante y la causa más continua de desvelos del régimen tiene como nombre “movimientos sociales”.
La perplejidad que nos asalta ante la deflagración que agregó cuatro muertes y diez nuevas víctimas a las del sábado anterior en Oruro, refleja cómo encaramos, sin preparación o pista alguna, la brutal irrupción de expresiones de violencia previamente desconocidas en nuestro medio.
El discurso presidencial que precedió a la apertura de la Feria de Alasita y condensa los éxitos que el Presidente identifica en el año previo de gestión nos dio el tono, esta vez, de la plantilla que planea usarse para promover la cuarta candidatura presidencial a fines de 2019.

