
LA LUZ Y EL TÚNEL
Estamos a punto de ser nuevamente defraudados, a gran escala, mediante la inminente realización de una “cumbre de la justicia”, concebida y manejada para muchos propósitos, excepto para encarar sincera y verdaderamente la insostenible administración de justicia en nuestro país.
Al cabo de un cortísimo eclipse, preludiado por la operación “novia repudiada”, ha recobrado la voz el Vicepresidente, queriendo demostrar que es aún capaz de jugar a alquimista, para transmutar –ya que no el plomo-- la pesada y reciente derrota en una estrategia de rescate que, de paso, lo salve de ser arrastrado por la demanda de purgar a la formación gubernamental de infiltrados y, dicho puertas adentro en susurros, de los que diseñaron el plan del referendo del 21.
En Bolivia somos propensos a creer que los gobernantes son maleable arcilla en manos de malévolos consejeros, cuando la experiencia nos indica, por el contrario, que quienes empuñan las riendas son habitualmente muy dueños de sus actos y difíciles de domeñar. El presidente Morales, por carácter y formación, con sus diez años al mando, es el perfecto ejemplo de alguien que tiende a imponer implacablemente sus puntos de vista, pero puede, al mismo tiempo, ser extremadamente vulnerable a la manipulación de los aduladores.

