
ERRAR ES HUMANO
La sensación de inercia quedó relegada a segundo plano cuando se tocó el tema de discordia entre concordes: la política.
Una gota de sudor se deslizó por su frente y se depositó en la almohada que para entonces ya era más un nido de ácaros que un depositario de su cabeza.
Abrió los ojos y parpadeó tres veces, su cuerpo estaba cansado, agotado, irritado y fastidiado por una noche de sueños surrealistas que la habían devorado en cuerpo y alma.
Se incorporó, tras suyo una estela de sudor empezó a evaporarse en sus sábanas de juventud mientras un cono de luz se empezaba a proyectar por la ventana de su departamento.
Aquella mañana Eustaquio Oquendo se despertó con la certeza de que el sueño que inundó su mente la noche anterior le había dejado con la resonancia de un mensaje que no entendía ni en sentido ni en lenguaje: "cogito ergo sum", repetía en el trasfondo de su mente sin saber siquiera lo que significaba.
Camino al bloqueo, la frase se disipó entre las consignas cotidianas y los reclamos reiterados.
El aire de la tarde se tornaba caliente y espeso, rabos de vapor se tomaban la tarea de destilarse en cada esquina formando una sustancia espesa y transparente que parecía corroer las paredes. La Cochabamba de las tardes de extremo calor provocaba una sensación tan sofocante que la gente podría haber cortado fácilmente un trozo de aire para poder exprimir de él su propio sudor.
El nombramiento de ministros de Estado ha desempolvado un viejo conflicto que ha existido desde hace muchos años en la administración estatal: el dilema de la capacidad técnica versus el peso político.
Durante años, la gestión pública se ha inundado de personas que reciben, a cambio del favor o del aporte dado, un cargo por el cual recibirán un salario y un trabajo que no corresponde a su capacidad ni a su formación.
Montesquieu planteó la división del poder para garantizar la existencia equilibrada del Estado de derecho, su óptica se basaba en la existencia de pesos y contrapesos, los que al existir de modo independiente lograban la fórmula ideal: que el poder controle al poder.
Muchas veces el mundo entero ha mirado a Europa, en ocasiones por su aire cultural y de primer mundo, por sus calles románticas y sus museos y por supuesto por su menú mediterráneo; hoy, sin embargo, debemos mirarlo porque lo que está viviendo será lo que nosotros posiblemente vivamos en unas pocas semanas o meses.
—Mamá, ¿por qué hay tanta basura en las esquinas? —preguntó la niña.
Su madre, Florencia Iporre Rojas, socióloga de profesión, clavó los ojos en el cruce de calles y vio las innumerables bolsas de basura, todas rotas y vomitando porquería, todas pudriéndose y esparcidas por alguna fuerza desconocida hacia el centro de la calle. Más guiada por una auténtica convicción ideológica que por el sentido común, respondió:
Aun sabiendo que no es cierto, muchos tratamos de vivir el día después de mañana, un alba post apocalíptico cargado de heridas sin cicatrizar que trata de subsistir en una tormenta perfecta.

