
CUESTIÓN DE IDEAS
Desde el momento que juró al cargo Edmand Lara ha incumplido su principal deber vicepresidencial, que consiste en “coadyuvar con la Presidenta o el Presidente del Estado en la dirección de la política general del Gobierno.
Así lo manda el inciso 4° del artículo 174 de la Constitución Política del Estado. Coadyuvar significa apoyar de una manera cooperativa. No significa de ninguna manera poner múltiples obstáculos, no solo a la dirección, sino a la ejecución de las políticas del Gobierno presidido por Rodrigo Paz.
Sería un grave error que el actual Gobierno se apoye en una justicia corrupta para perseguir a los pillos y abusadores del anterior régimen.
Hacer eso quitaría legitimidad a esos procesos. Daría la impresión de que el Gobierno estaría usando la justicia para perseguir a sus enemigos políticos, exactamente tal como lo hizo el populismo autocrático durante dos décadas.
Un ciudadano AUTÓNOMO se atreve a pensar por sí mismo. Es lo contrario del ciudadano ovejuno que solo aspira a seguir ciegamente a un pastor que lo hipnotiza con una narrativa melosa y complaciente, como cuando le dice “el indio es la reserva moral de la humanidad”.
No es el caso que no existan ciudadanos tan ovejunos en las clases privilegiadas como en las populares. Esta no es una brecha económica ni social. Es una brecha de formación ciudadana.
La ausencia de un sistema de partidos políticos unida a la escasez de ciudadanos democráticos constituye la mayor amenaza de fondo para la gestión de Rodrigo Paz. El disparador de esta doble amenaza podría ser el retorno a un demoledor poder dual si es que el vicepresidente Edmand Lara no logra controlar su ambición personal.
Al momento de conocer su derrota en primera vuelta Samuel anunció su apoyo al ganador con la justificación de que cumplía su promesa de apoyar al opositor que esté de puntero en las encuestas. Lo hizo ante la inesperada sorpresa de que Rodrigo pasó a segunda vuelta con Tuto Quiroga.
Su inmediato reconocimiento de la victoria de Rodrigo contrastó con el repetido rechazo de Tuto a aceptar el hecho de que en la gran mayoría de las encuestas Samuel estaba primero, así fuera con pocos puntos, casi siempre por encima de Tuto.
El poder populista está en la lona. Su única esperanza es tumbar al próximo Gobierno.
Evo calcula que las duras medidas económicas que tomará el próximo presidente le restarán el apoyo con el que gane la elección. Quiere hacerlo caer para que nuevas elecciones sean convocadas en pocos meses, lo habiliten y las gane a como dé lugar.
Tuto y Samuel deben acordar que si uno de los dos es elegido presidente, el que sea elegido en esta ronda apoyará al otro para que se presente como candidato para el siguiente mandato. El que no sea elegido el 2025 hará una buena campaña el 2030. Será elegido presidente por el mandato 2030-2035.
Ningún candidato opositor puede ganar la próxima elección presidencial si no logra conquistar una mayoría de los votos de la clase media emergente.
Este sector votó ciegamente por el MAS hasta el referéndum de 2016. A partir de esa fecha se fue apartando poco a poco de Evo y del masismo. Hoy es un voto de libre disponibilidad, capaz de apoyar tanto a un candidato moderado del MAS, como a cualquier candidato opositor capaz de conquistar su preferencia. Es un sector que ya no vota por consigna.
Acaba de publicarse un excelente compendio de cómo los bolivianos han visto su sistema de gobierno durante los últimos 25 años. El libro La democracia en los ojos de la gente es de distribución gratuita. Vale la pena conseguirlo y leerlo. (La democracia en los ojos de la gente, 25 años de cultura política en Bolivia, publicado por Plural Editores (La Paz 2024) para Ciudadanía y la Fundación Konrad Adenauer).
Dice muy bien de los ejecutivos y propietarios del periódico El Deber el haber acogido entre sus columnas de opinión un artículo que castiga a la derecha boliviana por no tomar en cuenta los cambios operados por el MAS en los últimos 20 años.
El artículo se titula “Una derecha insustancial,” publicado el 22 de diciembre de 2024. Por alguna razón El Deber no revela el nombre de su autor.

