
CUESTIÓN DE IDEAS
La cosa se puede poner difícil para varios candidatos en los debates. La reciente video presentación “Bases y lineamientos para propuesta de gobierno 2020/2025” ha dejado la marca muy alta. Se la puede apreciar en Facebook o YouTube. Es la carta brava con la que Tuto Quiroga pretende habilitarse como candidato a la presidencia del Estado.
El derecho de asilo es una institución de la civilización latinoamericana. Sus reglas están acordadas en tratados suscritos por la mayor parte de los países de América Latina. Más allá de esas normas explícitas, la fuerza de la costumbre establece el derecho y los deberes del asilo político que son respetados con mucho orgullo y pulcritud en nuestra región.
El primer paso para mejorar nuestra cultura política es darnos una mirada en el espejo. No todo son defectos. También hay virtudes admirables, como la capacidad de resistir el abuso. Maduro hizo cansar a los venezolanos. Evo lo intentó con los bolivianos. No pudo con ellos.
La crisis que llevó a su renuncia develó el choque de dos tipos de actores, de dos concepciones de la democracia y de dos culturas políticas que están en pugna en nuestro territorio desde la fundación de la República. Resolver esta disputa no es cuestión de pocos meses.
La democracia construida por Evo fue un taparrabos para el autoritarismo. Para no caer otra vez en la impostura de cualquier caudillo improvisado debemos dar tres pasos para mejorar el sistema electoral y dos pasos para mejorar el sistema político.
Los tres pasos en lo electoral están en marcha:
1) Revisar las reglas para garantizar un rayado de cancha que sea igual para todos. 2) Designar árbitros cuyas decisiones sean respetadas por ganadores y perdedores. 3) Completar un proceso electoral impecable y entregar el gobierno al ganador.
El presidente interino que se hará cargo de la transición tiene que ser alguien capaz de derrotar la feroz estrategia opositora de Evo y Álvaro. No cabe duda que ellos van a poner todos los obstáculos posibles para impedir el desempeño de cualquier gobierno que no sea el de ellos mismos.
Un cambio de régimen no sucede todos los días. Su desaparición puede ser lenta. Puede tener una agonía de meses o años. Sus violentas agitaciones terminales pueden causar mucho daño. Cuando aparecen los primeros estertores todos saben que el fin está próximo.
El régimen de la Revolución Nacional duró desde la asonada de abril de 1952 hasta el golpe militar de noviembre de 1964, provocado cuando el Presidente Víctor Paz Estenssoro prorrogó su mandato forzando la constitución. Lo derrocó su Vicepresidente el General René Barrientos.
“Chi se lo está comiendo como Pacman y eso no es cuento chino," dijo un ingenioso al comentar una encuesta en la cual el candidato coreano desplaza a Ortiz del tercer al cuarto lugar en seis departamentos.
No es chiste si se toman en cuenta otros impedimentos que el propio Ortiz ha puesto en su camino. Sabemos que no apunta a ganar la presidencia en esta elección. Pavimenta su candidatura a la gobernación de Santa Cruz el próximo año.
En pocos días nos toca escoger entre lo malo conocido que se llama “MAS Evocracia” y una película que está por verse llamada “El Retorno de Carlos Mesa.” Ninguna de las dos opciones es color de rosa. Las dos pueden terminar siendo de terror.
Uno de cada cuatro encuestados está entre los indecisos. Con nuestro voto podemos definir lo que venga. Suponiendo que nuestro voto no sea robado por el organismo electoral ¿es mejor que votemos con el cerebro, con el corazón o con el hígado?
Hay al menos cinco maneras de controlar el recuento de la votación del 20 de octubre. Algunas son mejores que otras. Este control se impone por la inocultable parcialidad del organismo electoral con el binomio oficial.
Primero, las encuestas preelectorales preguntan a una pequeña muestra representativa de votantes por quién creen que van a votar. Hasta fines de septiembre se han presentado casi 50 encuestas. Estas encuestas dan una estimación de las posiciones de los candidatos en una cierta fecha. Todas muestran las mismas tendencias.
“Es la economía, estúpido” fue la frase con la que el asesor James Carville le garantizó el triunfo electoral a Bill Clinton en 1992. Funcionó porque los votantes estaban preocupados por sus bolsillos.
En la actual campaña electoral las cosas son diferentes. La mayoría de los votantes no sabe ni teme que su economía puede sufrir una crisis cuando las reservas de gas se acaben y las reservas internacionales se agoten. La sensación de bienestar de los mejores tiempos de Evo persiste. El desperdicio y el fraude aumentan esa sensación.

