
ÁGORA REPUBLICANA
Ninguna actividad económica tiene base tan ancha como la del turismo. Son más de 20 los sectores que están relacionados con él de manera directa y la ventaja mayor es que los productos y los destinos están repartidos en todo el territorio nacional.
Estudiando en el Cepad el fenómeno del despoblamiento rural y el crecimiento urbano, aparecieron las ciudades intermedias para ayudarnos a comprender algunos de sus procesos. Resulta sencillo decirlo ahora que ya hemos estudiado 25 ciudades intermedias y la proyección que ellas pueden llegar a tener si su expansión estuviera enmarcada en políticas públicas.
Estamos en un momento extraordinariamente creativo por la cantidad de problemas presentes en la agenda. Esta es una oportunidad que no debemos desaprovechar para dar un salto cuántico en la elevación individual y colectiva de consciencia.
Para avanzar, aceptemos que el mejor camino no es la negación ni buscar pretextos que descarguen la culpa en los otros, y cultivemos la entereza y el talante para reflexionar colectivamente y actuar juntos, amuytasiñani dirían los amautas.
Existe un dato contundente, en los resultados del censo del año 2012 comparados con los del 2001, para comprender el crecimiento de la población urbana y el despoblamiento rural: la tasa anual de crecimiento demográfico intercensal a escala nacional fue del 1,7%, mientras que el crecimiento urbano fue del 2,4% y el rural de 0,5%.
El futuro de Bolivia es urbano y para respetar esa realidad deben funcionar tres regiones metropolitanas, seis capitales y 50 ciudades intermedias que articulen un millón de kilómetros cuadrados con población dispersa. Para lograrlo, hay que plantear la batalla ideológica del desarrollo territorial y equilibrar la imposición electoral de lo “originario indígena campesino”, con el 80% de la población que ya vivimos en ciudades.
El Censo de 2024 ayudará a superar, definitivamente, el falso debate boliviano entre lo rural y lo urbano como realidades confrontadas. El mundo superó este dilema hace mucho tiempo reconociendo la importancia y complementariedad de ambas dimensiones, y colocando correctamente los elementos que las identifican.
La gestión territorial de los Estados tiene diferentes modalidades que responden a las necesidades, posibilidades y circunstancias de la sociedad frente al aparato público. La población necesita respuestas a necesidades concretas y las exige con diferentes grados de firmeza y convicción. Asumamos que los responsables de la función pública no actúan de manera perversa contra la gente como si tuvieran una pulsión destructiva que pretende perjudicar a los administrados.

