
ÁGORA REPUBLICANA
El 60% de la población boliviana es menor de 30 años. Pasada la pandemia y teniendo presente esa realidad, hemos recuperado el contacto físico con quienes se encuentran fuera de las capitales departamentales. En reuniones en los territorios, estoy encontrando dos constantes que se repiten: los titulares de los medios de comunicación no expresan sus preocupaciones principales, mientras ellos precisan que la atención está en el trabajo y la producción con la cual se sostienen.
La metáfora de plantar un cafetal del tamaño de Bolivia, la interpretó Paul Bruckner Barba: “En Magdalena, es el propio café orgánico Itonama, en San Ignacio de Moxos el chocolate, en Camargo es el singani, en Guarayos el café se convierte en piña y cusi como por arte de magia, y así en todo nuestro territorio, nuestras potencialidades regionales renovables sostenibles.”
Tendría que bastar escuchar que el turismo podría generar un ingreso de 3.500 millones de dólares en favor de la población distribuida en el territorio nacional, para que todos, gobiernos, actores directos y población en general tratemos de hacer las cosas de una manera distinta. O, lo menos, se despierte la curiosidad para preguntar por qué se dice eso.
El jueves 21 de julio de 2022, en el salón Cabildo del Hotel Los Tajibos, se presentó la primera edición de Un cafetal del tamaño de Bolivia. El enfoque de la publicación despertó curiosidad al proponer profundizar el consumo de café de grano boliviano por su sabor y calidad, y por las potencialidades económicas que podría generar el incremento de su producción.
Desde Trinidad a Magdalena, capital de la provincia Iténez en el Beni, hay 294 km. Los recorrí el viernes 31 de marzo para presentar la segunda edición de mi libro Un cafetal del tamaño de Bolivia.
La elección de Magdalena para continuar la presentación itinerante del libro, tenía dos razones objetivas.
La Constitución ha definido una ruta crítica que define nuestro escenario inmediato: en 2023, el cambio de los integrantes del Órgano Plurinacional de Justicia. En 2024, el Censo de Población y Vivienda. En 2025, las elecciones nacionales, y en 2026, las elecciones departamentales y municipales. Enunciarlo así, tan sencillamente, resulta engañoso pues sabemos que hay un mundo de realidades conflictivas y otras que vendrán por cada una de ellas.
La pandemia aceleró el uso de los instrumentos de la inteligencia artificial (IA). Mientras la revolución urbana buscaba disminuir el tiempo de tránsito, transporte, contaminación ambiental y costo de satisfacer nuestras necesidades y así pudiéramos mejorar la calidad de vida, la Covid nos obligó a aprender y usar muchos instrumentos, hoy imprescindibles.
Resulta motivante analizar las publicaciones que ponderan el denominado modelo de desarrollo cruceño (Rodriguez, Barbery, Mendieta, Soruco y Traverso), mientras se genera descalificación por declaraciones gubernamentales y de intelectuales antagónicos a la economía social de mercado y defensores del medio ambiente.
Bolivia tiene una población mayoritariamente urbana y enfrenta un discurso estatal que sostiene una cualidad indígena originaria campesina. Por ser un debate ideológico y de una contundencia discursiva muy grande, nos hemos paralogizado desconociendo la realidad urbana y hoy estamos viendo las consecuencias al no haber desarrollado estrategias que permitan al gobierno de las ciudades darse respuestas oportunas y eficaces.

