
ÁGORA REPUBLICANA
La semana pasada presenté en Tarija la investigación Un cafetal del tamaño de Bolivia, analizando las potencialidades tarijeñas para alcanzar desarrollo. Comparto algunas certezas descubiertas en el camino.
En momentos en el que los medios y las RRSS se ven obligados a reflejar la tensión que vivimos, sentimos la necesidad de compartir una esperanza acompañada de fundamentos filosóficos y con modelos en ejecución; al socializarla en diversos ámbitos humanos y geográficos, constatamos cómo su simplicidad va permeando al valorar la relación con la tierra, reconocer el trabajo digno y aprovechar la producción en sus excedentes económicos y simbólicos. Racionalmente, ¿quién podría oponerse a un debate necesario?
Una consigna es fundamental para consolidar un discurso y generar una esperanza en las personas. La construcción de la narrativa que termine apropiada por el imaginario colectivo necesita tres condiciones para lograr su objetivo: que parta de una realidad sólida, demostrable, que hurgue y arañe sentimientos; que la propuesta combine magia y poesía; y tercero que, como resultado de la alquimia virtuosa, proponga una utopía realizable.
Hemos escuchado hasta el cansancio que el censo tiene tres etapas: la precensal, la jornada censal y el potscenso, y que cada una de ellas está ligada a la anterior. Reconociendo la existencia de materias todavía en debate, el censo establecerá: a) el número de habitantes, edad y sexo; b) la ETA en donde el boliviano tiene su domicilio y c) las condiciones de vivienda, servicios con que cuenta y el desarrollo humano en el que la población desenvuelve su existencia.
Se encuentra próxima a su publicación la investigación que he realizado sobre la potencialidad del café como instrumento para reconciliarnos con la esperanza y la producción leal de la tierra. El esquema de la investigación responde al método de construcción de imaginarios con el fortalecimiento de una narrativa que incorpora producción, desarrollo, genera excedente económico y simbólico, y que, desde una razón filosófica y poética, plantea la consigna de sembrar un cafetal del tamaño de Bolivia.
Los titulares de los medios de comunicación reflejan el grado de conflictividad sostenida que venimos enfrentando cotidianamente y sin sosiego. Ni la pandemia ni la crisis económica, ambas mundiales, han servido para recomponer una agenda política que principalmente desde el 21-F no tiene descanso y como un acto de torpeza colectiva nos lleva a continuar con la dinámica de autodestrucción.

