
ÁGORA REPUBLICANA
La Guerra del Chaco, la Revolución del 9 de abril del 1952 y el retorno a la democracia el 10 de octubre de 1982 marcan el camino de la Bolivia democrática. Los tres eventos tienen su sello propio.
El método boliviano de establecer conflictos con plazos es en la práctica una invitación al diálogo con el recuerdo que cada día que pasa es un día menos.
Seguir pretendiendo que la realidad se defina sólo desde la hoyada, el cercado, los anillos o Villa Dolores, puede aumentar el desconocimiento de lo que ocurre en Bolivia. Resulta que los protocolos establecidos en cada uno de esos lugares están condicionando conductas que no se conduelen con lo que vive la gente en los territorios.
La propuesta inicial de esta narrativa que se repite como gota hasta que horade la piedra era muy simple; se proponía generar un empoderamiento del extraordinario grano de café boliviano para que lo elijamos a la hora de tomarnos una taza y que este hecho pudiera generar un incremento de la capacidad productiva de nuestro territorio, y finalmente, que el excedente económico y simbólico de sus aromas perfumados y sensuales, unidos al turismo, pudiera mejorar la calidad de vida de los habitantes de las zonas rurales bolivianas, sometidas a gran presión migratoria.
La construcción de un modelo de gestión territorial que brinde respuesta al despoblamiento rural, que garantice seguridad alimentaria a la población y que ofrezca los servicios públicos básicos para que las personas vivan con dignidad en el lugar donde nacieron o trabajan, está logrando carta de ciudadanía con la propuesta de ciudades intermedias que tengan calidad de nodos de servicios, articuladas entre sí.
La semana pasada presenté en Tarija la investigación Un cafetal del tamaño de Bolivia, analizando las potencialidades tarijeñas para alcanzar desarrollo. Comparto algunas certezas descubiertas en el camino.
En momentos en el que los medios y las RRSS se ven obligados a reflejar la tensión que vivimos, sentimos la necesidad de compartir una esperanza acompañada de fundamentos filosóficos y con modelos en ejecución; al socializarla en diversos ámbitos humanos y geográficos, constatamos cómo su simplicidad va permeando al valorar la relación con la tierra, reconocer el trabajo digno y aprovechar la producción en sus excedentes económicos y simbólicos. Racionalmente, ¿quién podría oponerse a un debate necesario?

