
ÁGORA REPUBLICANA
Vivimos días complicados que demandan discernimiento para construir la narrativa de la Bolivia que nos merecemos. No debe haber ingenuidad ni inocencia y todos los componentes del debate deben sustentarse en una búsqueda responsable, racional y madura, profundizada en la realidad, el futuro y la poesía.
La palabra augural tiene muchas acepciones. Está relacionada con los agoreros, adivinos, chamanes, brujos y clarividentes, y a su vez, al agüero, presagio, augurio, predicción, vaticinio y pronóstico. Aquí, la utilizaré como el anuncio de algo bueno.
La realidad urbana incomoda en Bolivia, generando una suerte de reacción adversa. Una errónea concepción relacionada al despoblamiento rural, y que estaría acarreando la disminución de lo originario indígena campesino, plantea la inquietud de cómo es posible que un Estado autodefinido con esas categorías pueda vivir en ciudades. Parece que no es suficiente reconocer que el 75% de la población vivimos en áreas urbanas para aceptar que algo no estamos haciendo bien, cuando algunos sectores siguen con un discurso vaciado de contenido frente a la evidencia.
La Revolución Industrial produjo cambios fundamentales en la vida sobre el planeta. Se reconoce que los cambios en las técnicas de producción agrícola mejoraron la alimentación de la población y produjeron un aumento demográfico, provocando aumento en la demanda de bienes manufacturados, especialmente textiles. La Revolución Industrial significó el paso de una economía agraria y artesanal a otra marcada por la industria y la producción mecanizada, y de una sociedad tradicional y estamental a otra moderna, urbana y de clases.
Tenemos una nueva oportunidad por delante para comprender la realidad, no la desperdiciemos. Una primera evaluación de los 36 días de la crisis es que se logró posicionar el censo en la agenda política y se logró superar las decisiones autoritarias y distractivas del Gobierno. Mas allá del insulso debate sobre quién ganó y quien perdió, la agenda política no es la misma si revisamos las declaraciones anteriores al inicio del conflicto.
El control de daños en una crisis es la evaluación de cuán fuerte ha sido el impacto para identificar el sector más afectado y, frente al conflicto, cuáles deben ser las medidas aplicables para estabilizar las áreas afectadas. En una especie de terapia intensiva, es buscar que los efectos cesen o disminuyan y, con ello, se impidan daños mayores.
Si el cabildo del 30 de septiembre fue numeroso, éste lo superó. Las previsiones sobre lo que podía ocurrir eran preocupantes por la jornada violenta del viernes 11 y por las declaraciones del propio presidente Arce, quien había advertido con defenderse en las calles ante las movilizaciones por el censo...
De repente, nada extremo sucedió y las 72 horas de plazo para volver definitivamente a la normalidad tienen que ver con acciones imprescindibles que demuestren la voluntad de pacificar al país liberando a los 20 detenidos políticos.
Desde hace ocho años venimos estudiando en el Cepad el fenómeno del despoblamiento rural, la migración a centros poblados y la aparición en Bolivia del fenómeno de las ciudades. Reconozco que ha sido una investigación muy difícil por la existencia de variables inflexibles (www.ciudadesintermedias.org.com).
Aesta altura de nuestra vida en sociedad y por responsabilidad compartida, no podemos ignorar los grados de molestias e incomodidad colectiva que atravesamos cada vez con mayor intensidad. Sobrellevamos civilizadamente la vida cotidiana, y, sin embargo, frente a una crisis como la del censo afloran pulsiones que suponíamos superadas. Por el grado de violencia comprobada, necesito admitir que ella no es por el proceso censal absurdamente administrado por el Gobierno.

