
ÁGORA REPUBLICANA
Tendría que bastar escuchar que el turismo podría generar un ingreso de 3.500 millones de dólares en favor de la población distribuida en el territorio nacional, para que todos, gobiernos, actores directos y población en general tratemos de hacer las cosas de una manera distinta. O, lo menos, se despierte la curiosidad para preguntar por qué se dice eso.
El jueves 21 de julio de 2022, en el salón Cabildo del Hotel Los Tajibos, se presentó la primera edición de Un cafetal del tamaño de Bolivia. El enfoque de la publicación despertó curiosidad al proponer profundizar el consumo de café de grano boliviano por su sabor y calidad, y por las potencialidades económicas que podría generar el incremento de su producción.
Desde Trinidad a Magdalena, capital de la provincia Iténez en el Beni, hay 294 km. Los recorrí el viernes 31 de marzo para presentar la segunda edición de mi libro Un cafetal del tamaño de Bolivia.
La elección de Magdalena para continuar la presentación itinerante del libro, tenía dos razones objetivas.
La Constitución ha definido una ruta crítica que define nuestro escenario inmediato: en 2023, el cambio de los integrantes del Órgano Plurinacional de Justicia. En 2024, el Censo de Población y Vivienda. En 2025, las elecciones nacionales, y en 2026, las elecciones departamentales y municipales. Enunciarlo así, tan sencillamente, resulta engañoso pues sabemos que hay un mundo de realidades conflictivas y otras que vendrán por cada una de ellas.
La pandemia aceleró el uso de los instrumentos de la inteligencia artificial (IA). Mientras la revolución urbana buscaba disminuir el tiempo de tránsito, transporte, contaminación ambiental y costo de satisfacer nuestras necesidades y así pudiéramos mejorar la calidad de vida, la Covid nos obligó a aprender y usar muchos instrumentos, hoy imprescindibles.
Resulta motivante analizar las publicaciones que ponderan el denominado modelo de desarrollo cruceño (Rodriguez, Barbery, Mendieta, Soruco y Traverso), mientras se genera descalificación por declaraciones gubernamentales y de intelectuales antagónicos a la economía social de mercado y defensores del medio ambiente.
Bolivia tiene una población mayoritariamente urbana y enfrenta un discurso estatal que sostiene una cualidad indígena originaria campesina. Por ser un debate ideológico y de una contundencia discursiva muy grande, nos hemos paralogizado desconociendo la realidad urbana y hoy estamos viendo las consecuencias al no haber desarrollado estrategias que permitan al gobierno de las ciudades darse respuestas oportunas y eficaces.
La pandemia ha aumentado la consciencia de vivir en ciudad, la valoración de la calidad y acceso a los servicios, y dejar en evidencia el tiempo infame del transporte laboral. Al margen de la distancia, en la mayoría de nuestras ciudades el transporte público es malo, con embotellamientos en las horas pico y sin un plan maestro pensado en favor del usuario.
Sigamos buscando la Narrativa nacional que nos ayude a enfrentar el futuro con el espíritu más sosegado. Recuerdo que la construcción de una Narrativa exige una data, una información sólida, consistente, verificable. Requiere un componente poético que haga sonar bonita la palabra al oído y agite el sentimiento. Y debe tener un componente de magia, que transforme lo cotidiano en energía disruptiva. Y nos avasalle con su ternura.

