
ÁGORA REPUBLICANA
En cada uno de los países del mundo se está apelando a la capacidad de resiliencia para enfrentar la crisis e intentar salir airoso. No es posible desperdiciar ninguna oportunidad para buscar alternativas que nos den respuestas positivas.
Corresponde a Gloria Ardaya Salinas la autoría del título del presente artículo, presente en una entrevista que le realizara Juan Carlos Calderón en la que aborda los temas de política, sociedad y democracia en América Latina. Recuerda que fue Sergio Almaraz quien dijo, en su momento, que estábamos viviendo “el tiempo de las cosas pequeñas” y que ella ahora, nos propone pensar en grande para construir una nueva comunidad política ajustada a las expectativas que siempre tuvimos para nuestro continente.
Dicen que todos los días, en el planeta se beben entre 1.600 y 2.000 millones de tazas de café. El 65% de ellas se toman por la mañana. Ingresar a un buscador de Internet y realizar consultas resulta motivante y provocador. Más de 25 millones de fincas familiares en unos 80 países cultivan alrededor de 15.000 millones de cafetos, y la producción de uno de ellos, termina en nuestra taza.
Estamos frente a una lista interminable de conflictos. Algunos propios de la crisis mundial de la salud y la economía, y otros, reales o ficticios, emergentes de nuestra idiosincrasia. En esta segunda lista están los relativos a la tierra, a los juicios generados por el cambio de gobierno y a la incomodidad cada vez mayor por una justicia que se aleja más de lo que significa su propio nombre.
Estamos haciendo algo muy mal en el tema de la tierra. Resulta difícil explicar cómo es que en Bolivia puedan existir problema por la tierra, considerando la gran extensión de nuestro territorio nacional y los pocos habitantes que somos en relación a ese territorio.
Para realizar un análisis comparativo, consideremos el caso de El Salvador donde hubo un conflicto armado durante 12 años por la tierra, comprensible si recordamos que tiene 6.325.827 habitantes viviendo en 21.041 km², con una densidad de 300.64 personas por km².
Necesitamos que nuestra democracia se fortalezca y para ello se hace necesario un esfuerzo especial, ordenador de pensamientos y acciones que nos permitan superar las cargas colectivas que no sean imprescindibles.
El 12 de junio se recordó el alto al fuego en la Guerra del Chaco. Los habitantes que fueron a la guerra desde todos los confines de nuestra geografía, llegaron al Chaco como combatientes y volvieron bolivianos dolorosamente comprometidos con la necesidad de un cambio.
No voy a calificar el nivel de violencia, el valor humano y social agredido, el volumen de dolor generado, el desconocimiento del otro, la imposición con agresividad, las vidas involucradas y el número de ellas que han sido segadas... Las campanas doblan por todos. Trataré de compartir un listado de los sucesos que en este momento generan rupturas y sobre los que tenemos que trabajar para vivir en una sociedad más justa y distinta.
A través de las redes sociales, el 14 de mayo, pregunté: ¿Habrá guerra civil en Bolivia? ¿Tendremos una limpieza étnica como en Ruanda? ¿Qué sabemos de lo ocurrido en Sudáfrica y el papel de Nelson Mandela?
Estas preguntas básicas tendrían que obligarnos a reflexionar seriamente frente a ciertos entusiasmos verbales que plantean la violencia como instrumento para resolver las diferencias.
Nuestra vida cotidiana se desenvuelve en tres agendas reflejadas por los medios y las redes. Un análisis básico de ellas demuestra que todavía no están coincidiendo en las acciones prácticas de los actores políticos.

