
ÁGORA REPUBLICANA
No voy a calificar el nivel de violencia, el valor humano y social agredido, el volumen de dolor generado, el desconocimiento del otro, la imposición con agresividad, las vidas involucradas y el número de ellas que han sido segadas... Las campanas doblan por todos. Trataré de compartir un listado de los sucesos que en este momento generan rupturas y sobre los que tenemos que trabajar para vivir en una sociedad más justa y distinta.
A través de las redes sociales, el 14 de mayo, pregunté: ¿Habrá guerra civil en Bolivia? ¿Tendremos una limpieza étnica como en Ruanda? ¿Qué sabemos de lo ocurrido en Sudáfrica y el papel de Nelson Mandela?
Estas preguntas básicas tendrían que obligarnos a reflexionar seriamente frente a ciertos entusiasmos verbales que plantean la violencia como instrumento para resolver las diferencias.
Nuestra vida cotidiana se desenvuelve en tres agendas reflejadas por los medios y las redes. Un análisis básico de ellas demuestra que todavía no están coincidiendo en las acciones prácticas de los actores políticos.
Estamos en un proceso de reflexión acerca de las bases sobre las que se construye nuestra estructura política y social, para tratar de explicar los momentos que vivimos. Las verdades de breviario, aquellas que se apoyan en enunciados generales para explicar y justificar aciertos y errores y se enuncian como consigna, no siempre se conduelen de los matices de la realidad.
Repetir que el mundo ha cambiado radicalmente ya lleva a pereza intelectual y genera una duda existencial. Resulta difícil evaluar exactamente lo que ello significa y en la necesidad de volver a una quimérica normalidad con la que vivimos antes de la pandemia se nos plantean complicaciones al tener que aceptar cambios de conductas y actitudes.
Ayer ha comenzado el ejercicio de la autonomía plena, más allá de la voluntad del gobierno central. Una afirmación de esta naturaleza, necesita ser explicada.
Con el grito de “¡Abajo las haciendas, arriba los pueblos!”, y “tierra y libertad”, en mayo de 1911, Emiliano Zapata se incorporó a la Revolución Mexicana. En 1920, los anarquistas, en la voz de Tristán Marof, proponían para Bolivia “minas al Estado, tierras al pueblo”, lo que después alimentó la base programática de la revolución de abril con la reforma agraria, y el principio “la tierra es de quien la trabaja”. Los movimientos revolucionarios centroamericanos y el colombiano, de tan larga duración, tenían a la tierra como el eje principal de sus demandas.
La ciudadanía tiene una ventaja sobre las autoridades que están en ejercicio o se integrarán a la función pública en mayo, la información. Gracias a las nuevas tecnologías, a las redes y a la curiosidad innata que tenemos, a través de buscadores o de los grupos y cadenas que integramos, somos receptores y emisores de la información que necesitamos.
El compromiso de los Estados es realizar censo de población y vivienda en los años de dígito 0, es decir, cada 10 años, para de esta manera sumar a los datos mundiales nuestra información lo más ajustada posible a la realidad.

