
ÁGORA REPUBLICANA
El déjà vu está definido como una sensación de haber pasado con anterioridad por una situación similar que se está produciendo por primera vez. Sería como una repetición de eventos, situaciones y circunstancias acompañados de sorpresa por el impacto. La verdad es que incorporar el término “político” al déjà vu podría resultar contradictorio pues la política como ciencia, incorpora instrumentos para descifrar de la manera más precisa el devenir, y con sus acontecimientos, las consecuencias que ellas pueden tener.
Sin conocerse todavía los resultados consolidados, partiendo de la información del conteo rápido y los datos a boca de urna, y a solo cuatro meses y medio de la elección nacional, pareciera que estamos en camino a configurar otro país en el que no ganará nadie si no nos ponemos todos de acuerdo en temas básicos.
Entramos a las elecciones del 7 de marzo con tres asignaturas pendientes e inconclusas: la lucha orgánica y frontal contra el coronavirus, la crisis económica y las dificultades de gobernabilidad.
Sobre las dos primeras, salud y economía tendremos todo el año para buscar las respuestas. La tercera, sin embargo, puede dividir el escenario político y perjudicar la eficacia de la gestión.
Las campañas electorales están en todo su apogeo y por momentos, como en una suerte de negación, los discursos, las actitudes y las conductas de candidatos y electores repiten las prácticas tradicionales de los procesos anteriores.
Si sumáramos la totalidad de las propuestas que los candidatos tienen para un municipio, y quien saliera vencedor las ejecutara plenamente, probablemente se estaría logrando enfrentar de manera integral las necesidades de las personas y tendríamos claras las posibilidades necesarias de desarrollo.
Un mes de campaña, por las redes sociales, contra la irracionalidad de las filas para obtener el resultado de un trámite ha generado una crítica ciudadana que deja en evidencia el nivel de debilidad del aparato administrativo del Estado para dar respuestas oportunas y eficaces.
La categoría "autoridades", cuando se interpela de manera genérica para que se adopte una medida, se invisibiliza pues nadie asume ese papel como suyo al ser cuestionado de manera genérica. De ahí la razón de que no tengan éxito las campañas que aluden a las autoridades para que sean quienes resuelvan este tema perverso de las filas de trámites durante la pandemia.
Las filas infames e inhumanas que nos imponen son la consecuencia de una necesidad concreta que tenemos las personas. Si nos obligan a realizarlas es porque estamos buscando un resultado que necesitamos. Si esto es cierto y sabemos que las concentraciones humanas generan incremento en los contagios de Covid-19, y en este momento estamos en una escalada, la pregunta lógica sería: ¿cómo podríamos evitarlas?, y si no es posible, ¿qué podemos hacer para, cuando menos, reducirlas?
Nos hemos acostumbrado a ellas y forman parte de nuestra geografía. Cualquier trámite, cualquier necesidad, cualquier gestión, pasa por el sometimiento del administrado a un desorden autoritario que nos obliga a guardar silencio y obedecer silenciosos frente a una autoridad omnímoda e insensible. No se trata solamente de una violación de nuestro tiempo para el ocio productivo, en las circunstancias actuales de la pandemia, ponen a prueba nuestra propia existencia.
En dos meses tendremos configurado el poder territorial boliviano. Una afirmación tan sencilla, viene acompañada de un azar muy complicado.

