
ÁGORA REPUBLICANA
Con el grito de “¡Abajo las haciendas, arriba los pueblos!”, y “tierra y libertad”, en mayo de 1911, Emiliano Zapata se incorporó a la Revolución Mexicana. En 1920, los anarquistas, en la voz de Tristán Marof, proponían para Bolivia “minas al Estado, tierras al pueblo”, lo que después alimentó la base programática de la revolución de abril con la reforma agraria, y el principio “la tierra es de quien la trabaja”. Los movimientos revolucionarios centroamericanos y el colombiano, de tan larga duración, tenían a la tierra como el eje principal de sus demandas.
La ciudadanía tiene una ventaja sobre las autoridades que están en ejercicio o se integrarán a la función pública en mayo, la información. Gracias a las nuevas tecnologías, a las redes y a la curiosidad innata que tenemos, a través de buscadores o de los grupos y cadenas que integramos, somos receptores y emisores de la información que necesitamos.
El compromiso de los Estados es realizar censo de población y vivienda en los años de dígito 0, es decir, cada 10 años, para de esta manera sumar a los datos mundiales nuestra información lo más ajustada posible a la realidad.
Bajo la coordinación del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible-Bolivia (Cepad), un conjunto de organizaciones de investigación y desarrollo internacional venimos trabajando orgánicamente desde el año 2016 para identificar el impacto del despoblamiento en los territorios rurales, la presión migratoria sobre las ciudades y el déficit de los servicios públicos en los espacios urbanos receptores.
Los procesos electorales son el instrumento de la soberanía popular que manifiestan el sentido y la consistencia de la democracia. En ellos se expresan las características y condiciones en las cuales se desenvuelve la gobernabilidad y las relaciones políticas de la sociedad. Esa su importancia y su necesidad.
En momentos de necesidad colectiva extrema, sólo la cohesión social puede ayudar a buscar respuestas y ejecutar acciones con alguna posibilidad de éxito. Mientras tanto, pareciera que la confrontación será el modo elegido para resolver las diferencias. La radicalización de las posiciones clarifica el nivel de desencuentro en el que nos encontramos, las diferencias afloran y las palabras rápidas e irresponsables se multiplican.
El déjà vu está definido como una sensación de haber pasado con anterioridad por una situación similar que se está produciendo por primera vez. Sería como una repetición de eventos, situaciones y circunstancias acompañados de sorpresa por el impacto. La verdad es que incorporar el término “político” al déjà vu podría resultar contradictorio pues la política como ciencia, incorpora instrumentos para descifrar de la manera más precisa el devenir, y con sus acontecimientos, las consecuencias que ellas pueden tener.
Sin conocerse todavía los resultados consolidados, partiendo de la información del conteo rápido y los datos a boca de urna, y a solo cuatro meses y medio de la elección nacional, pareciera que estamos en camino a configurar otro país en el que no ganará nadie si no nos ponemos todos de acuerdo en temas básicos.
Entramos a las elecciones del 7 de marzo con tres asignaturas pendientes e inconclusas: la lucha orgánica y frontal contra el coronavirus, la crisis económica y las dificultades de gobernabilidad.
Sobre las dos primeras, salud y economía tendremos todo el año para buscar las respuestas. La tercera, sin embargo, puede dividir el escenario político y perjudicar la eficacia de la gestión.
Las campañas electorales están en todo su apogeo y por momentos, como en una suerte de negación, los discursos, las actitudes y las conductas de candidatos y electores repiten las prácticas tradicionales de los procesos anteriores.

