
ÁGORA REPUBLICANA
En dos meses tendremos configurado el poder territorial boliviano. Una afirmación tan sencilla, viene acompañada de un azar muy complicado.
Sea desde la visión occidental de la destrucción de todo para volver a empezar y reconciliarnos con la vida, o desde la filosofía oriental de retornar para perfeccionar y trascender, Nietzsche combina el pasado, el futuro y el instante como parte del tiempo eterno. Este enunciado tiene una aproximación material que nos puede ayudar a explicar lo que estamos viviendo, en el mundo en general y en Bolivia, en particular.
En medio de una crisis de salud, dificultades económicas y ruptura permanente de gobernabilidad, América Latina se encuentra en un proceso de multiplicación de ideas innovativas para resolver los retos que enfrenta. La población de los territorios del continente espera que los liderazgos que los administran se constituyan en promotores de debates sustantivos.
Los resultados del censo del año 1950 arrojaron que un 73,8% de la población de Bolivia vivía en el área rural, y el restante 26,2% en áreas urbanas. El punto de encuentro de la población en un 50% urbana y otro tanto rural se dio entre los años 1982-1983. En el ajuste del último censo del año 2012, la población urbana subió al 70% y por el patrón de comportamiento migratorio campo-ciudad que adquiere una tendencia ascendente, en el censo del año 2032, el 90% de los bolivianos viviremos en zonas urbanas.
Las elecciones nacionales del 18 de octubre estuvieron marcadas por el debate sobre tres temas: la pandemia de la Covid-9, la crisis de la economía, la producción y el empleo, y la gobernabilidad del Estado.
Hoy 8 de diciembre, un mes después que se produjo la posesión del presidente Arce, la sensación ciudadana es que pareciera que las urgencias no eran tales pues la falta de definiciones políticas sobre los temas electorales, no aparecen todavía como titulares en los medios.
La triada dialéctica, como se conoce al método de acercamiento a la realidad y al devenir de los acontecimientos, nos ayuda de manera sencilla para comprender el sentido del pensamiento y de la acción. Es un instrumento para proporcionar explicaciones y ofrecer algunas hipótesis de porqués sobre las dudas planteadas.
Tenemos que aceptar que somos producto de la construcción nacional popular que nació después de la Guerra del Chaco y que combinó a mestizos, cuentapropistas urbanos y rurales viviendo en ciudades y en territorios autónomos, y a personas informales, corporativas, violentas y solidarias.
En el oficio de buscar respuestas a lo que nos incomoda colectivamente, he encontrado dos situaciones propicias para su socialización.
Existe un debate muy intenso en las redes sobre la posición de Santa Cruz frente a la victoria electoral del MAS. Se hace necesario una profundización del análisis para colocar los componentes en contexto. El primer resultado es señalar que no existe “una” Santa Cruz, en los temas económicos, políticos, culturales o sociales. La construcción de la realidad cruceña, incorpora a nacidos y habitantes, y obliga a superar la ligereza de algunas respuestas.
La pandemia liberó la capacidad de aprendizaje virtual de nuestra gente. Se ha dado un salto gigantesco que abre la ruta del aprendizaje y la innovación de manera masiva y nos pone frente a una ciudadanía digital. El contenido de la información lo obtenemos hoy por la vía que deseemos y se encuentra a un paso de distancia entre la persona y el hecho ocurrido. La conectividad ofrece múltiples caminos para llegar a encontrar lo que buscamos, cualquiera sea el objeto de la información.

