
ÁGORA REPUBLICANA
Joan Prats regaló esta frase en un diálogo sobre Bolivia. Con el conocimiento y afecto que nos tenía, dejó que la ironía, tristeza del filósofo, diga lo indecible para provocar una reflexión. Al ser un optimista informado e irredimible, insistió inmediatamente que la gobernabilidad democrática y el buen gobierno, son condiciones de civilidad y república.
Rómulo Gómez en su poema “Desde mi umbral” dice que los cruceños de la década del 20 del siglo XX “…gustamos de hablar al viajero porque ha visto cosas que aquí no tenemos...”. Esa cultura dialogal en torno a sillas colocadas en los corredores que causaban malestar a los viandantes de la época, se resuelve hoy ingresando al buscador Google y bajando información literal, gráfica, sonora o multimedia.
El viajero que debía traer las novedades, hoy lo tenemos en el tiempo que tarda el pensamiento en pedirla por la internet.
España y Francia se están disputando este año el liderazgo receptor de turismo, y esperan, ambos, superar los 80 millones de visitantes. El número no sólo expresa una capacidad nacional organizada para satisfacer la demanda de quienes llegarán, significa una apuesta por el desarrollo sostenible y la vida digna de las personas.
Recorrer el territorio nacional y encontrar una voluntad que plantea el turismo como instrumento de sobrevivencia, convierte la necesidad en evidencia.
Tres noticias, simultáneas, marcan el escenario en el que discurre nuestra azarosa vida institucional y política.
Estamos frente a un escenario definido por las proyecciones demográficas. Trabajar con demografía impone hacerlo con tiempos largos en virtud de los periodos que sirven de línea de base. Para nuestro caso, tenemos cinco eventos secuenciales que nos dan esa posibilidad por los censos de 1950, 1976, 1992, 2001 y 2012. Lo que nos mostrará el censo del 2024 no podrá sustraerse a la historia de los 74 años anteriores y del comportamiento que ha tenido la población, el desarrollo económico y la condición de las personas que habitan en el territorio.
En el campo político, la confrontación entre ciertos líderes llega a límites insoportables. En la frontera entre lo político y lo social, se ha creado un espacio impregnado de agresividad y que se expresa en intolerancia. Y en lo cotidiano, la vida comunitaria, actividades económicas, culturales, deportivas, sociales, necesitan una normalidad imprescindible para desarrollarse.
El Chaco es un área territorial compartida con Argentina y Paraguay; es un ecosistema que tiene exigencias y condiciones en función de su geografía, su organización, producción y cultura. En el lado boliviano, sus habitantes dicen que “en el Chaco no hay sequía, lo que no hay es agua”, condicionando la producción agrícola y ganadera a los 400 mmc de lluvia al año. Esto ha obligado al desarrollo de tecnologías que aprovechan la humedad y realizan la siembra de agua para que sobrevivan personas, animales y vegetales.

