
LO QUE PIENSO
La columna pasada prometí hablar para las oposiciones. Espero que mis opiniones —deber ciudadano— sean escuchadas, a sabiendas que hay egos —electos y no electos— con anacusia con la sociedad civil.
Es hora de barrer la hojarasca y espabilarse de autocomplacencias para llegar a 2025.
Las semanas de este año las he dedicado principalmente a dos temas: criticar yerros e inconsistencias de las oposiciones en Bolivia —parlamentarias y de la sociedad civil— y a la dictadura nicaragüense (lejos de Dios y tan cerquita del demonio). Pero hace hora que nos acordemos del Gobierno nacional, porque ha hecho méritos —¡de sobra!— para un inexcusable zarandeo.
Nicaragua está dando lecciones magistrales de lo que debe ser y hacer una dictadura criolla “del siglo 21”: garrote y más garrote; un legislativo genuflexo; un (sin) poder judicial marioneta, alineado con lo más antidemocrático que haya en el mundo.
Vivimos en una larga época de los continuos Relatos: “en pocos años seremos como Suiza” (eso lo oí en 2006); “dar el poder a las mayorías” (“mayorías” que se acomoden al Poder); “Bolivia es un país de indígenas” (desde 2012 estadística —aun con mal censo— dejó de serlo); “golpe de Estado” (falaz trapisonda relatada del golpe electoral —ése sí comprobado fehaciente— del Evo y su laya antes de su presta huida, sin abarcas ni amarraguatos)…
El miércoles, un gran cabildo ciudadano se realizó en todas las capitales del país y no importó algunos desmarques “porque hay que trabajar”: a pesar de cuentas garcialinéricas, los cabildos reunieron a una parte importante de la población que no necesita que le paguen para asistir.
Nadie que esté en Bolivia y no sea un fanático evista o un medrador de la Cosa Pública —que no tiene que ser evista ni arcista sino sólo bandearse los ojos como Themis y olvidarse de su “cojeo inescrupuloso”— dudará que la Gran Batalla de nuestra sociedad es por la democracia.
2023 se inicia muy convulso: la violenta aprehensión/secuestro del Gobernador cruceño; la represión policial de las protestas en Santa Cruz de la Sierra; los masistas agrediendo a los que protestaban en La Paz; marchas en el resto de las capitales y otras ciudades de todo el país…
La aprehensión/secuestro violento del Gobernador de Santa Cruz —rapto en modo “terrorista”— intentó doblegar al departamento más contestatario y anticentralista a través de pretendidamente descabezar la oposición cruceña representada en Camacho, a la vez que daba una “ofrenda de paz” para los radicales de Morales —como hizo con Áñez—, mostrando mediáticamente una firmeza írrita cuando la gestión Arce, siempre exangüe, responde a las crisis con la filosofía del avestruz: el laissez passer (“porque algún día se cansarán”).

