
COLUMNA CIRCUNSTANCIAL
El éxito electoral de Evo Morales tuvo diferentes causas. Desde luego, Morales era un candidato mucho más representativo de la población de Bolivia que, por ejemplo, Hugo Banzer o Sánchez de Lozada. Además, tenía innegables dotes de un dirigente carismático, demagogo y populista.
Supongamos por un momento que Bolivia renuncia a su reivindicación marítima. En ese caso eso sería lo último que se tendría que declarar si es que se quiere llevar adelante una negociación con Chile con el propósito de restablecer relaciones diplomáticas. Sin embargo, eso es lo que ha hecho el Gobierno.
El Gobierno ha manifestado que desea restablecer relaciones diplomáticas con Chile. Eso equivale, sin decirlo explícitamente, a renunciar a nuestra reivindicación marítima, al menos durante esta gestión de gobierno.
El canciller de Bolivia, Fernando Aramayo, declaró el 9 de enero del presente, en una entrevista con el diario digital Brújula Digital, que “En 2026 debería producirse la reanudación diplomática” entre Bolivia y Chile.
Este 16 de enero, en una reunión entre el presidente electo Kast de Chile y Aramayo, se dio un gran paso en esa dirección al confirmarse la presencia del presidente Rodrigo Paz en la asunción de Kast.
En cuanto a esferas de influencia se refiere, Ucrania sería la Venezuela de Rusia, pero con una salvedad: EEUU consideraba, hasta la presidencia de Joseph Biden, que todo el mundo era su esfera de influencia.
Al desaparecer la Unión Soviética recuperaron su soberanía las varias naciones que habían conformado ese imperio. Algunas de esas naciones, particularmente las islámicas del Asia central, no tenían nada en común con la civilización rusa.
El actual Gobierno de EEUU ha cambiado radicalmente la política exterior de ese país. Hasta antes del presidente Donald Trump existía un consenso sobre los aspectos más básicos de la política exterior estadounidense que compartían tanto el partido Demócrata como el Republicano, el cual sostenía la inviolabilidad de la soberanía nacional, el libre comercio y la promoción de la democracia y los derechos humanos.
En el acto por la efeméride del Beni del 18 de noviembre, Rodrigo Paz declaró: “tenemos que cambiar nuestra relación con Chile. Es irrenunciable nuestra lucha por nuestro mar, sí, pero… tenemos que dar de comer a nuestra gente”.
Más aún cuando al final de los cien amarillos muchas veces igual se tiene que enfrentar un momento rojo, y tal vez peor que el que no se escogió para empezar. Entonces ¿por qué tanto se escogen los cien amarillos en vez del rojo de inicio? Porque los momentos amarillos, individualmente, son mucho menos dolorosos que el momento rojo, aunque sumados estos en total sean peor.
La gran incógnita del Gobierno entrante se llama Rodrigo Paz. Existía, y existe aún –si bien Paz ha dado señales, buenas y malas– una gran interrogante sobre su capacidad como gobernante.
Paz es, a diferencia de sus principales excontendores, todos candidatos a la presidencia más de una vez, una figura nueva a nivel nacional, y como tal más una esperanza que una certeza.
El Gobierno de izquierda, después de una catastrófica gestión económica, preside una elección general en la que es derrotado abrumadoramente por la oposición de derecha.
Esa era la situación después de la elección de 1985 cuando la desastrosa gestión de gobierno de la UDP dio lugar al gobierno de Paz Estenssoro y 20 años de gobiernos denostados como neoliberales, todos elegidos democráticamente.
Las recientes declaraciones de Edmand Lara, candidato a la vicepresidencia por el PDC, han causado un gran revuelo.
Primero, al declarar algo así como que enfrentaría o denunciaría al presidente, en caso de ganar las elecciones, si este incurriera en algún acto cuestionable.

