Si no puede manejar a su vice ¿cómo va a manejar el país?
Las recientes declaraciones de Edmand Lara, candidato a la vicepresidencia por el PDC, han causado un gran revuelo.
Primero, al declarar algo así como que enfrentaría o denunciaría al presidente, en caso de ganar las elecciones, si este incurriera en algún acto cuestionable.
Segundo, haciendo promesas demagógicas de subir la renta dignidad a 2.000 bolivianos, que todos podrán tener casas de dos pisos y que las amas de casa recibirán bonos por su trabajo no remunerado, cuando el país está quebrado (no es que este trabajo no sea real, pero ni siquiera países ricos lo hacen).
Por último, reta, con gran alarde, a un debate al candidato de Alianza Libre, a la vicepresidencia, JP Velasco, para luego excusarse por problemas judiciales, esto sin reprogramarla para el día siguiente o para alguna fecha específica más adelante.
Estas declaraciones demuestran una falta de respeto, lindando en insubordinación, al que debería ser su jefe, el candidato a la presidencia por el PDC, una falta de conocimiento pasmosa de la problemática económica, y una inconsecuencia que demuestra debilidad, al retar a un debate al candidato de Alianza Libre a la vicepresidencia, y después retraerse del mismo.
Lara irrumpió en el escenario político nacional al ganar la fórmula del PDC las elecciones del 17 de agosto con Rodrigo Paz a la cabeza. Antes, la gran mayoría de la población no lo conocía, o conocía casi nada de él.
Ahora, se le atribuyen todo tipo de proezas o facultades ocultas, como ser que fue él quien dio lugar a la victoria del binomio del PDC a través de alguna vinculación cuasi secreta con el MAS, o con un arrastre anteriormente invisible con sectores o movimientos populares.
Nadie decía eso antes de la elección del 17 de agosto. Esas teorías obedecen, en parte, a la necesidad de explicar de algún modo la victoria tan inesperada de Rodrigo Paz en esa elección.
Pero obedecen mucho más al intento de identificar al binomio del PDC con el tan repudiado MAS. En gran parte la elección en segunda vuelta dependerá de hasta qué punto ha llegado el rechazo al MAS.
Si fuese suficientemente grande podría significar la victoria para la candidatura que logre contaminar a la otra con ese vínculo; basta ver el reciente intento de Paz de vincular a Quiroga con Evo Morales.
El papel del vicepresidente se reduce esencialmente a presidir la legislatura y a reemplazar al presidente en caso de que éste esté incapacitado de ejercer la presidencia, de otro modo tiene cero responsabilidades ejecutivas, a menos que el presidente se las conceda.
Respecto de su primera función, ésta se reduce en los hechos a instrumentar el programa de gobierno en el Legislativo y cumplir las directrices que dé el presidente al respecto.
La segunda función rara vez se da, pero da lugar a una especial susceptibilidad respecto de la lealtad del vicepresidente por razones obvias; basta recordar las acusaciones de traición por la ascensión a la presidencia de Carlos Mesa después de la renuncia de Sánchez de Lozada.
Por eso es que la lealtad del vicepresidente es de tanta importancia y tan sensitiva para el presidente. Por eso es que, como en el caso de una dama, su lealtad no sólo deber ser incorruptible, sino que también debe aparentarla convincentemente.
En cambio, lo menos que hacen las declaraciones de Lara son inspirar confianza en su lealtad. Pedir disculpas superficialmente no es suficiente.
Lo que Paz debió hacer es llamar a una conferencia de prensa juntamente con Lara donde Lara se desdiga de sus declaraciones, se disculpe profusamente y se subordine explícitamente al que se supone es su jefe, el candidato presidencial, para que quede meridianamente claro quién manda.
En cambio, Paz disculpa a Lara y no contradice sus ofertas demagógicas, aduciendo que en Bolivia “todo es posible”, lo cual demuestra la ignorancia de Paz sobre cómo funciona la economía, o que apela abiertamente a la demagogia como método de alcanzar el poder.
Todo lo cual mostraría a Paz como un candidato incompetente y débil, incompetente para afrontar la crisis económica y débil al ser incapaz de disciplinar a su candidato a la vicepresidencia, amén de haber escogido mal.
En un sistema presidencialista el vicepresidente debe estar subordinado y actuar de acuerdo a las instrucciones del presidente. Mínimamente, no le debe causar daño. Lara hace todo lo contrario, lo cual demuestra que Paz no puede manejar a su candidato a la vicepresidencia.
Si ni siquiera puede poner orden en su propia casa ¿cómo se puede confiar en que lo pueda hacer en el país?
El autor es economista
Columnas de CARLOS GUEVARA RODRÍGUEZ

















