Venezuela, Ucrania y las esferas de influencia (I)
El actual Gobierno de EEUU ha cambiado radicalmente la política exterior de ese país. Hasta antes del presidente Donald Trump existía un consenso sobre los aspectos más básicos de la política exterior estadounidense que compartían tanto el partido Demócrata como el Republicano, el cual sostenía la inviolabilidad de la soberanía nacional, el libre comercio y la promoción de la democracia y los derechos humanos.
Los gobiernos de Trump han roto con ese consenso. Una prueba más de ello es la amenaza de una intervención militar en Venezuela por una poderosa armada, liderada por el buque de guerra más grande del mundo, el portaaviones Gerald Ford, algo impensable en gobiernos estadounidenses anteriores a Trump.
Si bien el objetivo que persigue EEUU es evidente: quiere cambiar al régimen de Maduro (regime change), lo que es menos claro es por qué quiere hacerlo.
El Gobierno estadounidense afirma que amenaza a Venezuela porque Venezuela sería la fuente de gran cantidad de las drogas que dañan a la población de ese país, causando decenas de miles de fatalidades cada año.
Sin embargo, la droga que más daño causa es el fentanilo, una sustancia sintética fabricada principalmente en México, que Venezuela ni fabrica ni transporta, la cual es introducida a EEUU desde el mismo México.
Venezuela tampoco es una importante fuente de cocaína para EEUU. Países como Perú, Bolivia y particularmente Colombia fabrican esa droga la cual es transportada a EEUU principalmente a través de Centroamérica y México, mientras que la mayor parte de la cocaína que sale de Venezuela tiene como destino Europa.
Por último, el presidente Trump acaba de perdonar a un expresidente de Honduras, después de que éste fuera condenado a 45 años de cárcel en un juzgado estadounidense por haber participado en la introducción de más de 400 kilos de cocaína a EEUU, evidenciando que el gobierno de Wasington no tiene como principal prioridad la lucha contra el narcotráfico.
Tampoco es que EEUU esté en una cruzada por la democracia. Si bien Maduro es un dictador –perdió espectacularmente la última elección, pero la desconoció y sigue gobernando– el hecho es que el presidente Trump, a diferencia de gobiernos tanto demócratas como republicanos anteriores, no exhorta a que países no democráticos adopten ese sistema de gobierno, menos lo intenta imponer.
Una razón más plausible para explicar la potencial intervención de EEUU en Venezuela es la tentación que significa tener acceso a las reservas de petróleo más grandes del mundo.
Sin embargo, con los avances tecnológicos que han hecho posible la explotación de vastas cantidades de hidrocarburos en las estructuras subterráneas de esquisto de ese país, EEUU se ha vuelto el primer productor de petróleo y gas en el mundo, por lo cual ahora no solo es autosuficiente en los mismos cuando antes era el principal importador de petróleo, sino que se ha convertido en exportador de carburantes fósiles.
El interés de EEUU en las inmensas reservas de petróleo de Venezuela más bien provendría de un atractivo comercial que de un imperativo de seguridad nacional.
La explicación más plausible de la intervención en ciernes de EEUU en Venezuela (a la fecha en la que escribe este texto: 27/12/2025) para cambiar de régimen es una combinación de dos factores. En primer lugar, la visión de Trump sobre la división del mundo en esferas de influencia correspondientes a las grandes potencias, y, en segundo lugar, la alineación de Venezuela con potencias extrahemisféricas, como China, Rusia e Irán.
A partir de la caída del Muro de Berlín y la implosión del bloque soviético, se sobrevino un mundo unipolar al no quedar un rival geopolítico equiparable con EEUU, convirtiendo a todo el mundo en la esfera de influencia de Washington.
Esa realidad fue camuflada con la supuesta vigencia de un orden mundial basado en el acatamiento de reglas de comportamiento (rules based world order) establecidas por EEUU y sus aliados, supuestamente para todos por igual.
En los hechos, cuando el interés nacional de EEUU lo demandaba, al menos como entendían ese interés los gobernantes de turno, EEUU actuaba unilateralmente sin atenerse a dichas reglas.
El principal ejemplo reciente fue la invasión no provocada de Irak, durante el gobierno de George W. Bush, apenas iniciado el presente siglo, la cual no fue sancionada por el Consejo de Seguridad de la ONU, bajo la tesis o doctrina de ataque preventivo (pre-emptive strike), porque supuestamente Irak representaba una amenaza a futuro, más bien que una amenaza inminente de ataque inmediato a EEUU que justificara que este país se adelante y ataque primero.
Luego veremos cómo Ucrania encaja en este nuevo ordenamiento mundial.
El autor es economista
Columnas de CARLOS GUEVARA RODRÍGUEZ

















