
LA CURVA RECTA
Mientras el mundo está inmerso en el futbol, en Sudamérica hemos visto un golpe de Estado fallido y un juicio que ha condenado a una expresidenta a seis años de prisión. En el ámbito doméstico estamos viviendo unos momentos bastante interesantes, debido a que el partido que tiene secuestrada a la democracia parece ser que ha entrado en etapa terminal y aunque milagros hay es posible que estemos asistiendo a su muerte.
Mientras algunos masistas, haciendo alarde de sofismo, declaran que Bolivia salió bien parada del juicio en la Haya, algunos antimasistas están rasgándose las vestiduras por haber “perdido” el Silala. Comcipo, que impidió un acuerdo de lotería que había sido trabajado durante el gobierno de Morales, cuando Choquehuanca era canciller, quiere hasta enjuiciar a Evo. Esta derrota nos ha traído a la memoria la otra gran derrota, la vergonzosa paliza respecto a los supuestos derechos expectaticios marítimos.
Quienes siguen esta columna saben de mi poca afinidad con el deporte, en general, y con el fútbol, en particular; lo he declarado más de una vez: que una vez cada cuatro años me siento como un extraterrestre en mi propio planeta. Sin embargo, no soy tan obtuso como para no entender y sopesar el enorme valor simbólico que tiene ese deporte y también sus bondades, y hasta sus sutilezas.
Quienes siguen esta columna saben de mi poca afinidad con el deporte, en general, y con el fútbol, en particular; lo he declarado más de una vez: que una vez cada cuatro años me siento como un extraterrestre en mi propio planeta.
Sin embargo, no soy tan obtuso como para no entender y sopesar el enorme valor simbólico que tiene ese deporte y también sus bondades, y hasta sus sutilezas.
El secretario Ejecutivo de la COB, Juan Carlos Huarachi, se ha lanzado con una declaración que, aunque ha causado enorme hilaridad y una avalancha de memes graciosos, tiene un trasfondo xenófobo que simplemente no puede ser pasado por alto y es que en realidad es delictivo.
A más de veinte días del paro del departamento más rico y productivo de nuestro país, hay algunas observaciones que se pueden hacer y algunas lecciones que se pueden aprender.
Bolivia está una vez más al borde de un ataque de nervios, o de algo peor, y lo único que puede consolarnos es que, como lo dijo una vez un embajador norteamericano, en realidad aquí tenemos ante todo una especie de kabuki, nunca llegamos a saltarnos a la yugular con intenciones de incrustar el colmillo, la danza de amenazas puede hasta llegar a asustar, pero somos lo suficientemente civilizados para no lanzarnos a una matanza o a algo parecido a una guerra civil.
La semana pasada la Alcaldesa de El Alto ha tenido un paso rutilante por una respetable alfombra roja, extendida nada menos que en un importante lugar de la Gran Manzana. Y lo ha hecho con un donaire, una gracia y una elegancia que realmente puede enorgullecernos a todos los bolivianos.
Sí señores, la Alcaldesa ha escogido una vestimenta muy bella, muy bien confeccionada y muy representativa de la ciudad que ella gobierna, y también de La Paz, la hermana siamesa de El Alto.
He pasado el 12 de octubre de este año entre Machu Picchu y el Cusco, llegué a la “antigua capital de los señores de estos reynos” al final de la tarde y he podido disfrutarla por un par de días, como vez que llego al famoso “ombligo del mundo” andino. Apelativo que se lo dio Gómez de Figueroa, conocido mejor como Garcilaso de la Vega Inca.
La semana pasada el MAS nos ha dado una certificación de disputa interna dura, se podría suponer desde afuera la posibilidad de que esa tienda política se divida.
Un pedido público al Presidente de deshacerse de dos ministros implica muchas cosas; la primera es que a estas alturas las formas y las apariencias ya no cuentan; la segunda, que el ex presidente y jefe del partido no se siente lo suficientemente respetado por el Primer Mandatario; la tercera es que el

