Xenofobia masista
El secretario Ejecutivo de la COB, Juan Carlos Huarachi, se ha lanzado con una declaración que, aunque ha causado enorme hilaridad y una avalancha de memes graciosos, tiene un trasfondo xenófobo que simplemente no puede ser pasado por alto y es que en realidad es delictivo.
Pedir a los descendientes de un grupo étnico que abandonen el país en el que nacieron no es poca cosa, es una aseveración que para empezar requiere una retractación pública, un mea culpa del bocón, pero también debería exigir una reacción de la organización que representa, una mínima llamada de atención al individuo en cuestión y una toma de distancia de la COB con ese tipo de declaraciones.
De hecho, el Gobierno, el Ministerio de Justicia, debería también hacer declaraciones al respecto, porque alguien que representa a una parte importante de la sociedad ha dicho algo simplemente inaceptable.
Nada de esto ha pasado y ése es el mal síntoma que debemos poner en evidencia. Tengo la sospecha de que si ese día le hubieran puesto al ciudadano Huarachi un mapa del mundo y le hubieran preguntado donde queda Croacia, éste no podría señalarla. Las aseveraciones del pobre hombre son las de un personaje tremendamente ignorante, al que ni se puede acusar de racismo o xenofobia (por más que su discurso lo sea), sino, como se ha hecho, no tomarlo en serio, llevarlo a broma, a meme, a Tik Tok.
Sin embargo, ese discurso no es un invento de Huarachi: es parte de la doctrina masista, lo he escuchado directamente de personas afines al MAS hace más de 12 años y de personas que han pasado por universidades europeas (tal vez solo por la vereda) y que tienen una formación que podría parecer sólida.
A donde quiero llegar es que ese discurso de que los cambas poderosos y contestatarios no son en realidad bolivianos, sino croatas, es parte de un discurso de odio que ha sido implementado y difundido para deslegitimar a la Santa Cruz contestataria al llamado “proceso de cambio”. Y eso no es para reír. Es parte del paquete masista, de un paquete que incluye cometer arbitrariedades extremas como el caso del hotel las Américas y no sólo en el asesinato cometido esa madrugada, sino en el vil encarcelamiento durante casi dos lustros de Zvonko Matkovic Rivera.
Bolivia es un país mestizo, estoy casi seguro de que tanto Evo como el finado Mallku tienen algo de sangre española, 480 años no pasan en vano. Lo que es cierto es que la presencia de sangre no originaria, y de mayor mezcla, se da más en lugares menos agrestes que el altiplano, un migrante no deja el valle donde nació para afincarse en un páramo; de hecho aun quienes nacen en un páramo se tientan por una zona más amable, lo hizo la familia de Evo.
Santa Cruz es tierra de inmigrantes por excelencia y es la inmigración la que termina dando forma a esa sociedad; el discurso de Huarachi -quien no es otra cosa que una caja de resonancia del discurso masista- es desconocedor y condenatorio de esa realidad.
El masismo ha adquirido fuerza y una enorme clientela política identificando uno de los más serios problemas de nuestra sociedad, el racismo, la exclusión de los espacios de poder en la que vivía la mayoría de la población indígena de este país. El empoderamiento político y económico de amplios sectores indígenas, que se ha dado en los últimos tiempos (pese a sus bemoles), es algo que se puede saludar y considerar muy beneficioso para nuestro país, pero se tiene que estar alerta en que a partir de ese empoderamiento no se dé espacio a otro tipo de actitudes tóxicas. El racismo no se cura ni con xenofobia ni con más racismo.
Huarachi debería dar un paso al costado, nadie lo va a extrañar si deja de ser dirigente de la COB. Pero el MAS debería también cuestionarse si realmente hace sentido recorrer esos caminos, no olvidemos que García Linera es nieto de español y hay más fichas claves del proceso de cambio, que en esa lógica serían menos bolivianos que los “croatas” de Santa Cruz.
Columnas de AGUSTÍN ECHALAR ASCARRUNZ



















