Trasladando el Gobierno
El comentario de doña Casimira Lema, la guapa concejala que acaba de inaugurarse en el nuevo gobierno municipal, respecto a conservar la sede de gobierno en la ínclita ciudad, fue de alguna manera sacado de contexto, aunque ciertamente, como se vio después, invitaba a grandes reproches por parte de la ciudadanía, y era por tanto infeliz.
Y sin embargo la idea de que La Paz deje de ser sede de gobierno no es nada mala, y en realidad, en otros momentos debería ser considerada seriamente, porque eso sería mejor para la mayoría de los bolivianos, y de eso mismo trata la democracia bien entendida.
Digo otros momentos, porque si estamos en medio de una terrible crisis, donde no podemos pagar ni lo más elemental, pensar en un gasto tan grande como sería mover una capital, (en el resto del mundo llaman capital a la ciudad desde donde se gobierna), sería un absoluto despropósito.
Por otro lado, querer llevar la capital a otro lado, por causa de los bloqueos, es una gran tontera, es como cortarle las manos a un niño porque no aprende a lavárselas bien. Si se hacen sumas y restas, a pesar de los bloqueos, ser la capital de un país trae a la ciudad que adquiere esa categoría innumerables beneficios.
No seamos hipócritas, conservar la burocracia es un muy buen negocio, y de seguro que la ciudad sufriría mucho si esa fuente de ingresos le fuera restado. Dicho sea de paso, argumentar que hay un derecho ganado, porque el gobierno fue traído aquí debido a una guerra que La Paz le ganó a Sucre, es no solo un absurdo, sino que entra en franca contradicción con la plañidera contra Chile, y la guerra que nos arrebató el Litoral.
Pero, ¿por qué entonces abogar por que la capitalía se vaya a otro lado? La idea no es favorable a los intereses más metálicos de los paceños, pero sería buena para el resto de los bolivianos, y no es que veo a La Paz con ojos de autonomista camba que reclama, a veces sin razón, por el extremo centralismo, el asunto es más simple y tiene que ver con la ubicación geográfica, me refiero en primer lugar a la altura, y en segundo lugar a la imposible estructura orográfica del valle de Chuquiago.
Crecer río abajo, es imposible, por las vegas, muchas de ellas inestables, los ríos que causan estragos y la estrechez de las planicies donde se podría construir. Crecer hacia arriba, vale decir en el altiplano, es condenar a mucha más gente a vivir sobre los 4.000 metros de altitud, que solo es peor que hacerlo a 3.600 0 incluso a 3.300. Este es el argumento principal que no debe ser soslayado, debe ser discutido seriamente.
No es una gran idea, tener una gran ciudad a estas alturas. Aunque uno haya nacido a esas alturas, es posible que a cierta edad, la propia condición física lo obligue a uno a migrar, no se vive mejor en la altitud, se vive peor, (y por supuesto que no estoy haciendo eco a la impresentable diputada chilena que causó polémica hace unos meses respecto a ciertas supuestas características de los pobladores de la puna.
Creo que el lugar ideal para un traslado sería Santa Cruz, primero porque es la ciudad que más capacidad de expansión tiene, lo que no sucede ni con la bella Sucre, ni con la idílica Cochabamba, ambas construidas en zona montañosa, segundo porque los motivos que convirtieron a La Paz en capital, a principios del siglo XX, son los mismos que tendría Santa Cruz hoy para llevar el Gobierno a sus lares, pero ante todo porque su altitud es ideal, por lo demás Santa Cruz ya es el crisol de la nacionalidad boliviana, desde hace mucho tiempo.
El único pero, reitero, no desde el punto de vista paceño, sino desde el boliviano, sería que tal vez se rompería el equilibrio que tenemos hoy en nuestra geografía humana, respecto de las tres ciudades del eje. Casi ningún otro país en Sudamérica tiene algo semejante, Chile, Argentina, Perú, Colombia, para empezar, tienen una capital inmensa, y el resto de las ciudades casi conservadas en categoría bonsai.
El autor es operador de turismo
Columnas de AGUSTÍN ECHALAR ASCARRUNZ



















