
LA CURVA RECTA
Sabemos que el cristianismo no es el producto de las enseñanzas de Jesús de Nazaret consignadas en los cuatro evangelios, sino una construcción mucho más compleja ligada a planteamientos religiosos y filosóficos más antiguos y también más nuevos. También sabemos que el personaje central de los evangelios no puede ser considerado plenamente como un personaje histórico, aunque podemos inferir que si hay tantas referencias respecto a él, sí existió. Y que una parte de los hechos que se narran en los textos mencionados son verdaderos.
La semana pasada, y con el retraso que implicó lo más duro de la pandemia, se ha iniciado la etapa de presentación de alegatos de los litigantes en el sui géneris juicio en el que está involucrada la patria y es que, de alguna manera, se trata de aclarar si es también una verdad jurídica una netamente física, vale decir, que el agua corre de arriba hacia abajo, algo que descubren los niños muy temprano, aún antes de entrar al parvulario.
Aunque el mes de marzo me es entrañable porque personas que quiero mucho cumplen años en este mes, también me resulta antipático, eso por el bendito día 23, la fecha en la que Bolivia se rasga las vestiduras una y otra vez, recordando el heroico acto de Eduardo Abaroa tratando de defender la heredad patria durante la Guerra del Pacífico. En ese terrible año de 1879, hace 143 años. Hacer luto está bien, pero tampoco hay que exagerar.
La postura que ha adoptado nuestro país con respecto a la brutal invasión militar que Rusia está perpetrando en Ucrania, aunque previsible, no deja de ser indignante. Pone en evidencia una serie de falencias éticas del actual Gobierno. La primera es que ellos, nuestros gobernantes, no son capaces de reconocer como inaceptable algo tan obvio como una intervención del calibre de la que nos ocupa, que es ni más ni menos el inicio de una guerra expansionista, perpetrada por un vecino, que es además inmensamente más grande y más fuerte que el agredido.
Las huelgas de hambre han perdido su verdadero sentido en nuestro país, a fuerza de ser declaradas por todo y por nada, y a fuerza de no serlo, de ser una formalidad, un modo más de protesta, en algunos casos, no mucho más que un acto de publicidad, que se puede abandonar sin más.
La horrorosa historia de Richard Choque, a quien curiosamente el Ministro de Gobierno llama de “señor”, nos ha espantado a todos, los motivos son diversos. En primer lugar, la constatación de que convivimos con psicópatas, que pueden matar sin el menor remordimiento, que pueden secuestrar y extorsionar. En segundo lugar, y de mayor espanto, es que tenemos un sistema judicial tan corrupto, que un criminal, confeso y sentenciado, de esa calaña y con esa estructura psíquica puede comprar su libertad, para colmo, casi con migajas.
La captura del asesino de El Alto que enterró por lo menos a tres de sus víctimas en su propia casa, nos ha dejado, por un lado, estupefactos ante el cercioramiento de que algo tan atroz pueda suceder a la vuelta de la esquina, tremendamente angustiados por el trágico destino de esas tres jóvenes, y profundamente preocupados porque este sí es un caso de verdadera inseguridad ciudadana, cuyas principales víctimas son mujeres jóvenes, o adolescentes.

