El agua en la agenda pública nacional
A pesar de los extremos a los que se ha llegado, el abastecimiento de agua sigue lejos de las prioridades de la agenda pública nacional, como lo indica el lugar que ocupa en el plan de inversiones públicas
Buena parte de la agenda informativa nacional ha estado concentrada, durante la semana que concluye, en la falta de agua en cinco de las ciudades capitales de nuestro país, además de decenas de ciudades secundarias y centros poblados pequeños en prácticamente todo el territorio nacional. La escasez, que ya se hacía sentir desde tiempo atrás, ha llegado durante los últimos días a extremos sin precedentes.
Que eso haya ocurrido en Cochabamba ya no es ninguna novedad, pero no puede decirse lo mismo de otras ciudades, como La Paz, Sucre, Potosí y Tarija, donde no se tienen antecedentes de situaciones tan críticas como las actuales.
Ante tal panorama, las autoridades de los tres niveles de Gobierno, —nacional, departamentales y municipales— han coincidido en el común afán de eludir sus propias responsabilidades, atribuir las culpas a factores ajenos a sus obligaciones y en delegar a la voluntad divina la tarea de dar una solución al problema.
En otras circunstancias, unas menos dramáticas, podría destacarse el aspecto irónico y hasta burlesco de esa manera de encarar las causas y posibles soluciones del problema. Sin embargo, dados los antecedentes y las circunstancias que condujeron a extremos como los actuales, resulta del todo inadmisible tan flagrante falta de respeto a la inteligencia y dignidad de la gente que sufre las consecuencias de muchos años de negligencias acumuladas.
En efecto, como es fácil comprobar si se hace una recapitulación de los abundantes datos acumulados desde hace muchos años sobre el tema, se podrá constatar que una crisis como la actual era del todo previsible. Suman decenas los informes especializados que desde hace más de una década vienen advirtiendo sobre el inminente colapso de los sistemas públicos de abastecimiento de agua en casi todas las ciudades del país y son también abundantes las recomendaciones hechas con anticipación para evitarlo o por lo menos atenuar sus efectos.
Vanas han sido hasta ahora todas esas advertencias pues ni el Gobierno central ni los departamentales ni los municipales les dieron la debida importancia, como ahora se puede constatar. Eso se refleja no sólo en los resultados que ahora se sufren, sino en la ausencia del tema entre los lugares más importantes de la agenda pública nacional y local.
El caso de Cochabamba es muy ilustrativo al respecto. Y no lo es menos el caso de La Paz, donde la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (Epsas), se negó sistemáticamente, desde que fue constituida hace ya más de 10 años, a oír las advertencias sobre el muy previsible e inminente agotamiento de los embalses de Hampaturi e Incachaca. Nada hizo Epsas para evitarlo y hoy se limita a echarle la culpa a la naturaleza por una sequía que de ningún modo es suficiente para explicar y mucho menos justificar la debacle del sistema.
A pesar de todo lo anterior, el abastecimiento de agua sigue lejos de las prioridades de la agenda pública nacional, como lo indica el lugar que ocupa en el plan de inversiones públicas propuesto para los próximos años. Situación que obliga, como en los ya lejanos tiempos medievales, a seguir los consejos de más de una autoridad gubernamental nacional y local y redoblar los rezos e invocaciones a alguna divinidad.





















