Las alfabetizaciones del siglo XXI
Usaré el término “alfabetización” desde una perspectiva de política educativa y desde la dimensión política del concepto, tal como aprendimos a hacerlo, tiempo atrás, en nuestra región y en nuestro país, al impulso de Paulo Freire
La dimensión pedagógica del concepto es clara: dominio de los instrumentos de la cultura letrada. La apropiación del código alfabético fue, hasta el siglo pasado, condición para la inclusión social y el ejercicio de la ciudadanía.
Lograr la dimensión pedagógica no debería hacerse sin aprender, también, a descodificar o leer la realidad: esta es la dimensión política. La realidad, para quien aprende a leerla hoy, es compleja; forman parte de ella: la interculturalidad, la biodiversidad, la economía popular, la democracia participativa, el “buen vivir”… por señalar algunos casos ilustrativos.
Países que han incluido ya a casi la totalidad de la población en la cultura letrada, están hablando hoy de las “alfabetizaciones del siglo XXI”. Hay propuestas de alfabetización digital y de bio-alfabetización, de alfabetización en salud… Existen nuevos códigos de la ciudadanía que toda la población debe adquirir para tener la capacidad de “leer la realidad”. Tener o no los nuevos códigos: el digital, el tecnológico, el comunicacional… da origen a fenómenos de inclusión/exclusión social. Sin ellos, la población, aunque ya incorporada a la cultura letrada, difícilmente va a ser incluida en sus sociedades. Poseer estos códigos es condición básica para el reconocimiento de la nueva ciudadanía.
Existen claves instrumentales para entender las diversas dimensiones de la cultura. Así como la alfabetización es la clave inicial para un aprendizaje continuo, la bio-alfabetización lo es para la valoración de la biodiversidad como riqueza. Al igual que la alfabetización digital, la tecnológica, la intercultural… proveen de las claves instrumentales iniciales en los ámbitos culturales correspondientes.
El derecho al ejercicio de la ciudadanía y el rol del Estado como garante de ese derecho, merecen una visión más comprehensiva de la alfabetización, que no esté restringida a la tradicional concepción centrada en las letras, sino que se amplíe al abc de las cosas… con las que podemos leer la realidad, hoy.
Desde el punto de vista de la política pública, las alfabetizaciones del siglo XXI, no son requerimientos exclusivamente de países que han cumplido ya con la inclusión universal de su población en la cultura letrada. Todos los países arrastran deudas en relación con la apropiación de los nuevos códigos de la ciudadanía, de los cuales no puede quedar excluida ninguna persona. No colocar esto como una exigencia del derecho de todos a estas alfabetizaciones y de la responsabilidad del Estado para garantizarlo, corre el gran riesgo de generar nuevos procesos de exclusión, dejando que el dominio de esos códigos sea un asunto del mercado y no parte de la política pública de inclusión. De ahí el extremo cuidado en proclamarse libres de analfabetismo.
Si se pudiera, en algún momento, estudiar los costos de no-alfabetizar digitalmente o en biodiversidad y los réditos de haberlo hecho, se contaría con un instrumento muy poderoso de influencia en las decisiones presupuestarias. Lo que algunos llaman gasto social es una verdadera inversión, y tienen que comprenderlo quienes son menos sensibles a los argumentos basados en los principios del derecho universal a educarse, que a los provenientes de las pérdidas y ganancias, en cifras.
Comenzar a entender que existen nuevos códigos de ciudadanía y nuevas alfabetizaciones, alertan sobre la necesidad de no proclamar éxitos en la alfabetización para la inclusión en la cultura letrada, sin asegurar condiciones para una inclusión más amplia de toda la población en la nueva ciudadanía.
El autor es doctor en Ciencias de la Educación
Columnas de JORGE RIVERA PIZARRO




















