Nohely Guzmán: “Las víctimas de los abusos de chinos se identificaron conmigo”

Entrevista
Publicado el 22/07/2019 a las 0h00

Nohely Guzmán acaba de publicar y presentar una investigación impactante: “Capitalismo chino en la selva, cuerpos desechables detrás de tres obras de infraestructura en Bolivia”. Allí reveló cómo mujeres y niñas indígenas del norte paceño y el sur beniano fueron víctimas de abusos sexuales en zonas donde trabajaron empresas chinas el año 2016. ¡Guzmán conversó con OH!  acerca de aquella solitaria como peligrosa investigación que le permitió identificar otra de las graves ausencias del Estado boliviano.  

 

- ¿Cuál fue la razón que la impulsó a realizar esta investigación?

- Me pregunté qué podía estar pasando en estos procesos relacionados a la llegada de empresas chinas. Tuve entonces la oportunidad de conversar con mujeres indígenas y de hacerles preguntas básicamente relacionadas a su vida cotidiana. En ese camino me encontré con un montón de relatos. Muchos de ellos eran desgarradores y también otros que eran como resilientes.  Es decir, había personas que lograban ver como un lado positivo de todo esto.

Se habían desatado fragmentaciones comunitarias que daban lugar a procesos sociales y económicos que iban desde la venta de bolos y agua hasta la prostitución. Cuando empecé a profundizar encontré relatos bastante dolorosos que he tratado de plasmarlos en el texto con mucho tacto y delicadeza. No he querido cosificar las vivencias de las mujeres, no quiero hacer un espectáculo de su sufrimiento.

 

- A las empresas chinas se las ha denunciado por la caza de jaguares y otra fauna, también por abusos laborales. Sin embargo, esto de los abusos sexuales y agresiones de ese tipo no ha llegado a los medios. ¿Por qué?

- Se debe fundamentalmente a la delicadeza del tema. Lo que recopilé en el trabajo de campo no fueron denuncias. La mayoría de las mujeres no me lo comentaban con el afán de denunciar, sino de sanar un problema. Para ellas el denunciar esto implicaba el desencadenar una vulnerabilidad más grande. Para muchas de ellas significaba que su esposo o su hijo pierdan la fuente laboral y una potencial represalia.

Estos procesos han sido contados en otros espacios. De hecho, para mí ha sido muy complejo el lograr esas conversaciones con esas mujeres porque justamente es algo que no se quiere hacer muy público. Es un dolor muy grande que no es fácil de exponer. Por eso no se habló tanto del tema.

 

- ¿Cuántos viajes hizo al trópico y cuánto tiempo sumó ese trabajo de campo?

- Hice tres viajes. Pasé más o menos mes y medio recorriendo la zona, conversando y conociendo a las personas del lugar. 

 

- Estos viajes los hizo sola, ¿no es cierto? Y además fueron viajes a zonas de difícil acceso, ¿es así?

- Fueron, al menos al principio, viajes muy largos. Como no había aún la carretera resultaba muy difícil transitar el camino. Bastaba una llovizna para que se llene de fango y una se quede atascada en medio de la ruta, a veces más de un día.

Los primeros dos viajes los hice sola. El tercero ya fui acompañada de las compañeras de mi organización (Jasy Renyhé) y también de Adolfo Moyé. Él, al margen de conducir el vehículo, se convirtió en un gran apoyo. Ello porque tenía experiencias como el haber participado en la Expedición Madidi. Fue presidenta de la Subcentral del Tipnis y es presidenta de Fobomade (Foro Boliviano sobre Medio Ambiente y Desarrollo).   

 

- Frecuentemente se dice que no resulta fácil ganar la confianza de los indígenas. ¿Cómo logró establecer amistad con ellas?

- El ver a una joven sola entrar a las comunidades para preguntarles sobre temas que nadie les preguntaba generó en ellas empatía y solidaridad. Obviamente, no en todas. Al principio varias se mostraban súper reacias a exponer sus vidas privadas a una extraña. Sin embargo, era muy claro que querían decir algo, pero no se atrevían. Pero con el tiempo, vieron que era como que la única alternativa. Y claro, mi convivencia con ellas también influyó para que puedan abrirse.

Finalmente, logré estrechar fuertes lazos. He hecho seguimientos telefónicos constantemente. Nos comunicamos muy a menudo, me llaman, prácticamente estamos hablando todo el tiempo. Fue un proceso largo y hasta extenuante que permitió generar el ambiente para hablar de cosas tan delicadas. Recuerdo cómo al principio me advirtieron que mejor no me arriesgue a quedarme a dormir en el cabildo o en salón de los corregidores. Me dijeron que no asuma esos riesgos justamente por lo que estaba pasando con la presencia de las empresas en la zona.

 

- ¿Y sufrió algún tipo de acoso o agresión por parte de los trabajadores de las empresas chinas?

- Ya viví momentos de tensión incluso cuando llegué a los hoteles de las ciudades intermedias. Por ejemplo, cuando llegué a San Borja, primero me sorprendió ver a esa ciudad pequeña completamente ocupada por obreros chinos. Camionetas, buses, etc., todo era lleno de chinos. Prácticamente no había espacio en ningún hotel porque ellos habían llegado recién y tenían que construir sus campamentos.  

En ese contexto, me tocó quedarme en un hotel donde había apenas espacio. Fue una situación súper estresante. Los obreros, tanto bolivianos como chinos, no tenían reparo alguno en llegar muy tarde tras haber tomado, hacían bulla, cantaban... Luego, por la mañana salían muy temprano a usar el único baño disponible en el hotel.

Después, en el trabajo en las comunidades, cada vez que debía pasar cerca del campamento o del lugar donde guardaban las máquinas hubo más tensión. Como vieron que iba sola, aumentaron las canciones, los silbidos, los acosos. Fue muy estresante, pero también eso fue lo me conectó con las mujeres indígenas. Me vieron en situación de tanta vulnerabilidad que entonces ellas se reconocían en esa vivencia porque todas estaban expuestas exactamente a lo mismo. Justo a raíz de eso me empezaron a dar consejos sobre dónde no debía ir y con ello pautas sobre hechos graves que habían pasado.

 

- ¿Cómo fue que se abrieron más y confiaron las experiencias críticas que finalmente se han revelado? 

- Transitar el área se había vuelto algo bastante complicado y hostil, especialmente en las primeras horas de la mañana o de la noche. Esto se debía a diversos sucesos: por un lado, se había empezado a habilitar espacios de entretenimiento nocturno. Los trabajadores ya sabían que a partir de esa hora ya tenían una especie de luz verde a costa de las mujeres del entorno y a costa de su tranquilidad. Por otra parte, sumaban las experiencias ya pasadas.

Algo que me impactó muchísimo fue, por ejemplo, ver a un trabajador chino aparecer en medio de la selva completamente borracho. Andaba con su camisa institucional y prácticamente no podía ni pararse. Entonces empezaron a llegarme los relatos de las mujeres indígenas. Una de ellas me contó, por ejemplo, lo que le pasó a una de sus amigas que había empezado a trabajar en la cocina del campamento. Un día, a eso de las 17:00, cuando ella ya pensaba retirarse, un grupo de hombres la acorrala, la empiezan a humillar, luego a manosearla y así a abusar de ella. No llegó a ser una violación, según aclaró la compañera. Las compañeras contaban, aterrorizadas, que su esposo llegó y la rescató teniendo que hacer uso de la fuerza. Ellas igual contaban cuán afectada quedó aquella mujer agredida. Decían que se le notaba en la mirada, que ya no era la misma.       

  

- ¿Qué relatos fueron los que más le impactaron?

- Los de las mujeres que habían tenido niños con los chinos. También, ya en Rurrenabaque, lo que me contaron de mujeres tacanas que aglutinan a otras mujeres indígenas y jóvenes en general para articularlas a los negocios de la prostitución y el trabajo sexual. En Rurrenabaque o San Borja tienen la condición de trabajo sexual, saben a qué van ahí. Pero no pasa eso en las comunidades.

Otro caso que me impactó fue el de una adolescente de 15 años que tuvo una relación con un trabajador chino que le triplicaba la edad. Ella subía fotos de los dos en Facebook, él incluso estaba con el uniforme de la empresa. Vi por ejemplo otra foto de ella, con los papás y él, junto a una torta de cumpleaños. Eso te muestra la complejidad del problema. Algunas familias lo ven como una oportunidad. Ha sido una transformación muy compleja de las dinámicas sociales, peor aún en las comunidades.

 

- Seguramente también suman ahí las dinámicas de la ambivalencia que hay entre las indígenas que suelen embarazarse muy jovencitas. Es decir, no lograban comprender qué pasaba en el caso de esa gente extraña que se acerca a ellas. ¿No es cierto?

- Exacto, ellas no terminan de comprender qué pasa. Uno se cuestiona cuál es la matriz desde la cual ellas entienden las relaciones. No pueden objetualizar una relación y decir si es de carácter comercial. Ellas ven que aparece alguien con quien no se entienden pero tienen relaciones sexuales. Sienten que es una especie de pareja. Y luego, tal cual me contaron algunos obreros, hubo muchos embarazos y las empresas simplemente cambiaron de tramo a los obreros chinos. No los volvieron a ver. Además, quedaron estigmatizadas en medio de la comunidad llevando al niño chino para el resto de sus vidas.

 

- ¿Ha iniciado algún proyecto de ayuda en favor de las mujeres de esas zonas luego de esta su investigación?

- Con mi organización decidimos empezar a trabajar en las soluciones. Obviamente es un monstruo, algo muy complejo, pero decidimos iniciar hablando de derechos de las mujeres para que ellas, de principio, tengan mejores condiciones de defensa. Por ejemplo, en los casos de humillación. Hubo casos en los que los empleadores chinos les rompieron las planillas de salarios y se los arrojaron en la cara. Eran humillaciones paralizantes. Es una especie de pedagogía del miedo y el terror para acallar.

Por ello, nos fuimos en marzo otra vez a la Amazonía e iniciamos la capacitación en derechos de las mujeres. También abrimos un espacio para que puedan escucharse entre ellas y que establezcan sistemas de apoyo entre sí. Trabajamos especialmente en los derechos de las niñas que terminaron siendo las más asustadas y conmovidas. Hemos iniciado nuevos trabajos de investigación sobre ellas.    

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Nohely Guzmán Narváez (26)
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PERFIL

Nohely Guzmán Narváez (26) es psicóloga con especialización en psicología social comunitaria. En ambos casos sus estudios los realizó en la Universidad Católica de Bolivia, sede La Paz. Actualmente, cursa una maestría en la universidad de Texas, Austin, Estados Unidos. Es investigadora de la organización Jasy Renhyé y también ha realizado trabajos para el Fobomade.   

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