Agua e instituciones contaminadas
Los regantes se quedan sin el agua que los loteadores usan para urbanizar, las lagunas se secan y "no les queda otra" que utilizar aguas contaminadas. Que no quede agua para riego no parece sorprender. En realidad hemos ya decidido convertirnos en un pueblo de comerciantes y transportistas
La provisión de agua para riego en el valle central y bajo de Cochabamba atraviesa por unas de sus más agudas crisis, en las que intervienen una serie de factores pero en las que, vengo insistiendo, el factor institucional es el que juega un rol determinante.
Ya sea por los efectos del cambio climático en nuestra región o por la acción directa en el ecosistema valluno, que causa el desenfrenado y caótico crecimiento de la mancha urbana, los niveles de precipitación fluvial han descendido a niveles históricos y las lluvias cada año son prácticamente un enigma. La desertización acelerada de nuestras tierras, provocada por sequías, incorpora también un otro detonante, como es el de la masiva tala de árboles, tanto en las áreas que ya abarca la mancha urbana, como en la periferia de las serranías que rodean nuestra planicie. Hablar de tierras de alta capacidad productiva en Cochabamba es prácticamente una nostalgia, que en el valle alto se hace ya una especie de pesadilla.
Como si fuera poco, el indiscriminado uso de fertilizantes y agroquímicos ha convertido al producto final de la tierra en peligrosas bombas de tiempo cargadas en nuestras canastas y muy poco recomendables para salud pública, que en nuestro caso registra niveles cada vez más alarmantes de enfermedades vinculadas a sustancias cancerígenas.
Los regantes se quedan sin el agua que los loteadores usan para urbanizar, las lagunas se secan y “no les queda otra” que utilizar aguas contaminadas, escuchamos cual si fuera algo normal. Misicuni es un escándalo de incompetencia y corrupción, y de nuestros pozos brota agua plagada de heces fecales que penetran en el subsuelo, que contaminan los asentamientos encima de la cota 2.750 en el abandonado Parque Tunari, principal fuente de recarga acuífera. Para colmo de males, se ha debilitado a la dirigencia campesina productiva, partidizando y prebendalizando a sus representantes a golpe de pegas o motivándola a lotear.
Los municipios, feudos donde campea la ineficiencia, no avanzan en el imperioso objetivo de racionalizar la distribución del agua dejando irresponsablemente para el final el tratamiento planificado de las aguas servidas. Se ha parcelado todo el eje conurbano de Cochabamba en cientos de comités de agua y cooperativas donde con pocas excepciones se articulan pequeños intereses carentes de constitucionalidad No sabemos dónde va Semapa (otra caja negra) ni cuál será el eje articulador de los proyectos que hacia adelante se deben implementar, que deberían partir de una muy elaborada política de participación ciudadana y articulación ínterinstitucional.
Que en Cochabamba no exista agua para riego no parece sorprender. Parece que en realidad hemos ya decidido convertirnos en un pueblo de comerciantes y transportistas.
El autor es comunicador social.
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