Perú, una experiencia exitosa
Hoy, 28 de julio, Perú conmemora un aniversario más de la proclamación de su independencia. Y lo hace, como ya se ha vuelto habitual, con tantos motivos para la satisfacción como para la frustración.
Entre los primeros, se destaca la manera sostenida con que desde hace al menos dos décadas mejoran sus indicadores económicos y sociales. Es, junto a Bolivia y otros pocos países latinoamericanos, uno de los que mantiene un ritmo constante de crecimiento. Con el mérito adicional de haberlo logrado disminuyendo su dependencia de las exportaciones de materias primas gracias a la eficiencia con que diversificó su economía.
Muchos de esos logros se deben a la perseverancia con que los gobiernos peruanos de los últimos años aunaron y dieron continuidad a sus esfuerzos alrededor de objetivos comunes como la atracción de inversiones privadas, internas y externas, la mejora de la competitividad de su país, la ampliación de la base de una economía abierta al libre comercio y muy especialmente a los mercados asiáticos. Todo eso se plasmó en una clara apuesta, con México, Colombia y Chile, a favor de la Alianza del Pacífico.
Muy ligada a todo lo anterior está la notable mejora de los principales indicadores sociales.
Como contrapartida, lo que constituye toda una paradoja, esos buenos resultados fueron alcanzados a pesar de que el sistema político peruano es uno de los menos estables. Así lo demuestra la la notable cantidad de expresidentes y altos funcionarios presos, prófugos o sometidos a procesos judiciales por casos de corrupción. El desprestigio que pesa sobre el sistema político es tan grande que prácticamente ningún partido político ha logrado sobrevivir.
De la experiencia peruana se pueden extraer buenas lecciones. Una de ellas es que las élites políticas y económicas peruanas tuvieron la lucidez de aunar esfuerzos, pasando por encima de las eventuales naturales divergencias e intereses contrapuestos, alrededor de objetivos comunes. Los sucesivos gobiernos, pese a su fragilidad, supieron mantener un rumbo propio sin dejarse llevar por corrientes que arrastraron a otros países de la región en direcciones que, como ahora se puede ver, fueron las equivocadas.
Conviene tomar en cuenta la experiencia peruana con sus virtudes y defectos pues, además de las ya muy conocidas razones históricas, geográficas y culturales que nos unen, se deben sumar ahora los desafíos comunes que nos plantean los profundos cambios que están produciéndose en el escenario político regional y mundial. Razón suficiente para desear que ambos países sigan avanzando hacia un reforzamiento de los lazos que nos unen.
















