
BITÁCORA DEL BÚHO
... Y siempre que hay razones misteriosas y figuras de la irrealidad que, con frecuencia, se mueven y se muestran partícipes de este mundo que sentimos y vivimos como cierto y real, se me ocurre citar una y otra vez “La tierra baldía” de T. S. Eliot: “Abril es el mes más cruel, hace brotar lilas en la tierra muerta, mezcla memoria y deseo, remueve lentas raíces con lluvia primaveral.” (...)
“Era lo último que iba quedando de un pasado cuyo aniquilamiento no se consumaba, porque seguía aniquilándose indefinidamente, consumiéndose dentro de sí mismo, acabándose a cada minuto, pero sin acabar de acabarse jamás”. (Cien años de soledad.)
¿Recuerdas haber escrito en tu Diario: “La libertad es poder decir que dos más dos son cuatro?”. – Sí, dijo Winston. O’Brien levantó la mano izquierda y le preguntó.
– ¿Cuántos dedos hay aquí, Winston?
– Cuatro.
– ¿Y si el Partido dice que son cinco? (1984)
Hay una gran frase del fallecido escritor cubano Eliseo Alberto que me seduce por su contenido nostálgico: “Los hombres de las islas siempre somos náufragos, siempre estamos mirando el horizonte”.
Todo poder siempre guarda un gran espacio siniestro y oscuro. Es el que tuerce los caminos rectos para consumar despropósitos. La cara conocida del poder ilimitado como un corruptor y acumulador de miserias siempre fue indiscutible.
La voluntad general es indestructible, titula el capítulo I del Libro Cuarto de El Contrato Social de Juan J. Rousseau. “La voluntad general es siempre constante, incorruptible y pura. Cuando es menos que esto, deja de ser voluntad general”.
Todo poder siempre guarda un gran espacio siniestro y oscuro. Es el que tuerce los caminos rectos para consumar despropósitos. La cara conocida del poder ilimitado como un corruptor y acumulador de miserias siempre fue indiscutible.
La voluntad general es indestructible, titula el capítulo I del Libro Cuarto de El Contrato Social de Juan J. Rousseau. “La voluntad general es siempre constante, incorruptible y pura. Cuando es menos que esto, deja de ser voluntad general”.
¿“Es ésta la región más transparente del aire? Qué habéis hecho, entonces, de mi alto valle metafísico? ¿Por qué se empaña, por qué se amarillece? Corren sobre él como fuegos fatuos los remolinillos de tierra. Caen sobre él los mantos de sepia, que roban profundidad al paisaje y precipitan en un solo plano espectral lejanías y cercanías, dando a sus rasgos y colores la irrealidad de una calcomanía grotesca, de una estampa vieja artificial, de una hoja prematuramente marchita. Mordemos con asco las arenillas.
Una semana de revelaciones y conjeturas. De sorpresa para los embrollos políticos españoles y derrotas justas y victorias pírricas en el escenario preelectoral de los Estados Unidos que ahora, más que nunca, se encuentran desunidos y envueltos en una invernal neblina de interrogantes, pese a que Phil, la marmota de las predicciones milenarias, pronosticara que la primavera está a la vuelta de la esquina.
La realidad y la ficción parecen ser sinónimos irrenunciables, sobre todo en este México del presente en donde trillan sin decoro y sin molestias las tramas, los guiones, los narcos, sicarios, cárteles y hasta actrices y capos; todos en una salsa que salpica cada vez más a un Presidente que se felicita por una recaptura del narco más buscado del mundo
Los humanos, contradictoriamente, viven su miseria y su retroceso, las devastadoras consecuencias de su conocimiento y su creación, se ven atrapados en sus propios desastres, en su planeta convertido en un gigantesco basural
Una gigantesca ciudad que se asemeja a la Babel incomprensible.
Sus calles están llenas de signos por descifrar. Sus habitantes, pese al tiempo en que se vive, visten desarreglados, sucios, decadentes. En ella, habitan los asaltantes, los pillos, mercaderes, traficantes y encantadores.

