De los caucus de Iowa al enroque del rey
Una semana de revelaciones y conjeturas. De sorpresa para los embrollos políticos españoles y derrotas justas y victorias pírricas en el escenario preelectoral de los Estados Unidos que ahora, más que nunca, se encuentran desunidos y envueltos en una invernal neblina de interrogantes, pese a que Phil, la marmota de las predicciones milenarias, pronosticara que la primavera está a la vuelta de la esquina.
El rey de España ha movido ficha y ha designado al secretario general del Partido Socialista Obrero Español, PSOE, Pedro Sánchez, la difícil tarea de formar Gobierno. Tiene tres semanas y poco más para armar su brutal puzzle político: el frente no se pinta halagüeño, la izquierda le muestra el dedo del centro y la derecha no le sonríe. Sánchez y el PSOE están en una encrucijada complicada, no sólo porque difícilmente se podrá resolver este entuerto, sino porque en el hipódromo electoral, están más de dos competidores en carrera para llegar a la Moncloa. Parece que Rajoy ya forma parte del pasado y el Partido Popular hace aguas. Lo cierto es que Sánchez es el enroque del rey y tiene la responsabilidad de conformar una gran estrategia política y una propuesta económica y social para los españoles.
Sin poseer los dones de Phil, me atrevería a predecir que Pablo Iglesias, líder de Podemos, tendrá que ceder y bajarle el tono a sus palabras en un tablero de negras y blancas en donde ocupar los escaques será, más que una ecuación matemática, de táctica y negociación. El escenario se pinta agreste: Podemos no quiere saber nada de Ciudadanos y viceversa. La fórmula sería, PSOE-Podemos-IU, con el añorado deseo de Iglesias de ser vicepresidente del Gobierno y con una gruesa y blindada capa de poder, ciertamente, sumando a esto, un proyecto fraternal y plurinacional.
En política hay que tragarse sapos sin vomitar insultos, más en esta España que por primera vez afronta un controvertido y complicado escenario político electoral.
¿El gran mérito de la Corona? ¡Sí!, que una vez más ha allanado el camino para transitar con democracia, entendimiento y acuerdos hacia el beneficio de los españoles.
Mientras tanto en Ciudad Gótica, el investigador David P. Redlawsk, ha dicho que: “Ganar Iowa no garantiza nada, pero perderlo por hacerlo mal derriba al candidato”. Y el tristemente célebre, bravucón, misógino, xenófobo y torpe, Donald Trump, hizo todo mal y aunque las encuestas falibles le daban un liderato, cayo a la lona de la cual, estoy casi seguro, no se levantará. Todavía falta mucho, es cierto, pero como dice David, el que pierde en Iowa, lo pierde todo. Y está genial que sea así, porque imaginar a Trump nominado por los Republicanos y posible presidente de Estados Unidos, sería convencernos de que este mundo ancho y ajeno viaja en picada y que el Armagedón está próximo.
Los caucus son sabios, ancestrales y democráticos, se anteponen al presente político de cualquier otro país, en donde la chicana, la corrupción, las cuotas de poder y el dinero juegan sus encantos más insondables.
Un caucus es una reunión o asamblea de simpatizantes de determinado partido político que eligen, abiertamente, de forma verbal y escrita al precandidato que apoyan y las razones por las cuales los apoyan. Es una palabra que nace de la fusión entre dos palabras algonquinas de los nativos norteamericanos: “caucauasu” que significa “Consejo” y “cawaassough” que significa asesor. Luego de una compleja ecuación matemática, surgen los candidatos ganadores de cada partido.
El próximo martes 9 la cita será en New Hampshire, estado menos conservador, por eso también se debe pensar en un electorado más disperso. Luego de esto el panorama se vislumbrará más claro, hasta aterrizar en el 1 de marzo, el supermartes o la primaria SEC, Conferencia del Sur y el Este. Luego de esto ya todo estará dicho.
El autor es comunicador social.
Columnas de RUDDY ORELLANA V.



















