
BITÁCORA DEL BÚHO
"Vox populi, vox Dei". Retumba el proverbio latino que muchos le atribuyen a Hesíodo, el gran poeta griego del siglo VIII y otros al monje anglosajón del siglo VIII después de Cristo, Alcuino de York.
Es un aforismo vigoroso y prometedor. Taxativo y determinante en su escritura, en su pronunciación y en lo fáctico.
Qué desdichado y triste debe ser cumplir 60 años sin que nadie te dé un abrazo sincero y honesto o, cuando menos, saluden con cierta honra tu integridad y tu dignidad. Qué miserable se ha de sentir ese ser humano cuando en medio de su infame vida ya no existe otro camino que abrazarse a los oscuros demonios de la desvergüenza, de la deshonra y de la desgracia.
Toda gran causa comienza como un movimiento, se convierte en un negocio y termina siendo un fraude.
Los caudillos populistas no son elegidos a través de procesos tradicionales de partido, sino que surgen de la ruptura de las reglas comunes, de la crisis, del oportunismo.
“Cuidado con el hombre que habla de poner las cosas en orden. Poner las cosas en orden siempre significa poner las cosas bajo su control”. (Diderot)
“(...) No puede ser. Esta ciudad es de mentira. No puede ser que las brujas sonrían a quemarropa y que mi insomnio cruja como un hueso y el subjefe y el jefe de policía lloren como un sauce y un cocodrilo, respectivamente, no puede ser que yo esté corrigiendo las pruebas de mi propio elogiosísimo obituario y la ambulancia avance sin hacerse notar y las campanas suenen sólo como campanas.
No puede ser. Esta ciudad es de mentira. O es de verdad y entonces está bien que me encierren”.
De tanto jugar y jugar con fuego durante 14 años se te fue la inmunidad, excelentísimo señor presidente Evo Morales Ayma.
La frase de ese ciudadano de a pie fue contundente: “La mierda en la política está ordenada de izquierda a derecha”. Lo dijo fuerte, con convicción y casi con rabia. Esa frase le salió del alma, de las profundidades más lúcidas de su encabronamiento. Del hartazgo que siente al saber que todo se pudre y se pone maloliente cada vez que andamos nuestros pasos escépticos, incrédulos e impotentes en este escenario político preelectoral boliviano que ya se alista para tocar fondo.
“Quizás algún hombre necesitó toda una vida para reunir varios de sus pensamientos, mientras contemplaba el mundo y su existencia y, entonces, me presenté yo y en dos minutos, ¡Zas! Todo liquidado”.
Érase una vez un país distópico donde la realidad transcurría en sentido contrario a una sociedad convencional.
Carlos Toranzo Roca, en su columna del pasado 12 de junio publicada en Página Siete, propone un tema que, por su complejidad y características esenciales, obliga a un “debate social y político”.

