
BITÁCORA DEL BÚHO
A sí, sin pena ni vergüenza, las ovejas han elegido al lobo para que los proteja. No es el de Wall Street, ese que, a sangre fría, corre la bolsa y hace añicos los indicadores bursátiles. Es alguien peor. Es el nuevo enviado a la Casa Blanca para “reorbitar” The American Life, perdida, según el flamante justiciero, durante los ocho años que duró el mandato del presidente Barack Obama.
Es más letal, porque pasará de las amenazas más despiadadas y descabelladas a la acción inmediata.
De Molotov con amor hacia los sistemas y Gobiernos que aseguran su botín y, con él, los de sus acólitos. Para los que blindan su presente y sellan su futuro, utilizando mecanismos de dominio: retóricos, coercitivos, amenazas, control social y quebrando libertades, consiguiendo, como consecuencia, el acatamiento y la obediencia. Se tiene poder en la medida en que se es obedecido.
El poder central no reside en el capitalismo privado ni en las uniones sindicales ni en los partidos políticos, sino en el Estado, aseguraba Octavio Paz.
¡Sí, pero no así! ¿Entonces? Con absoluta justicia, transparencia, rigurosidad y estando convencidos de que el logro de la paz no pasa por la única figura abanderada y política del presidente de Colombia Juan Manuel Santos, ni siquiera por su retórica electoralista que sume puntos a una impopularidad arrastrada de hace mucho. Menos, considerarse el enviado para convencer de que sin Santos y sin su gestión caerán sobre Colombia las 7 y un plagas y sumirán a sus habitantes en sangre y descontrol.
Orfandad es un sentimiento involuntario que a menudo se respira fuera de La Habana, también, desde La Habana.
Siempre tengo la sensación de que habitar en la isla es como estar sitiado en la propia existencia. Cuba me da esa visión, esa interrelación tormentosa entre presencia, ausencia, recurrencia.
La demagogia, decía Abraham Lincoln, es la capacidad de vestir las ideas menores con palabras mayores.
La retórica, los gobernantes y las aguas pasan, las transformaciones sustanciales en un país, encabezadas por líderes visionarios, quedan. Sus legados son avales para advertir la línea divisoria entre la honestidad y la demagogia y los discursos populistas que tarde o temprano se doblarán para acomodarse en el estuche del tiempo y volver a dormir su sueño temporal.
Asomarme a ti es enfrentarme a infinitas definiciones. Ciertamente no eres fácil de definir, esa tu irónica propuesta de ser definible, hace que se contraponga a la fuerza metafísica de tu Alberto, Ricardo, Bernardo o Álvaro.
Eres, tal vez por eso, el intrépido creador de verdades paradójicas, el poeta portugués que resiste aún, involuntariamente, a la inquebrantable idea de ser definible.
Aproximarse a la vida y obra de Pessoa es iniciar una lucha a campo traviesa con múltiples desventajas de rendirse en el intento.

