
SURAZO
Para los corruptos y delincuentes, la prensa es su principal enemiga porque es capaz de exponerlos ante la sociedad.
En Bolivia, y en cualquier parte del mundo, el periodismo tiene un atributo exclusivo: la exposición pública. A través de esa peculiaridad, el ladrón puede ser expuesto por sus robos y el criminal por sus crímenes. Para colmo de estos maleantes, la prensa siempre está ahí, vigilante, lista para exponerlos.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se formaron en 1964 y desde entonces hasta 2016 enfrentaron a los gobiernos de su país en un conflicto interno que causó 262.197 muertos. El Centro Nacional de Memoria Histórica atribuye 35.683 de esos fallecimientos a las FARC.
Fiel a un estilo al que, más de 20 años después, terminamos por acostumbrarnos, Evo Morales ha usado la alta proporción de votos nulos en las elecciones del 17 de agosto para afirmar que se trata de un “triunfo del pueblo boliviano”.
La afirmación sería coherente de no mediar un gran detalle: él considera que esa victoria está en el casi 20% al que ha llegado el voto nulo que propuso como un símbolo de la candidatura que no le dejaron coronar.
Pasé días pensando qué iba a escribir en el artículo que coincidiera con el bicentenario de Bolivia, pero, después de lo que vi en Sucre, toda mi previsión se fue por la alcantarilla.
Como ya manifesté en esta columna, las obras más trascendentales de este bicentenario serán los libros que se han presentado, tres de ellos con el respaldo del Banco de Crédito, y la estatua de Juana Asurdui de Padilla que fue emplazada en la Plaza 25 de Mayo, con costos cubiertos por el Banco Unión.
Sin ser una repetición cíclica de la historia, existen coincidencias entre los gobiernos “centurianos” de Bautista Saavedra y Luis Arce: A ambos les tocó encabezar los actos de festejo por los centenarios de Bolivia—a Saavedra el primero y Arce el segundo— en la parte final de sus mandatos. Bautista entregó el poder en septiembre de 1925 y Luis lo hará en noviembre.
Este 24 de julio se recuerda el 242 aniversario del nacimiento de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios, que conocemos mejor por el nombre corto de Simón Bolívar.
Al ser este el año del bicentenario de la independencia de Bolivia, lo mínimo que debió haber hecho la ineficaz delegación presidencial para esta conmemoración es reunir a historiadores en por lo menos un coloquio en el que se aborde no solo la trascendencia de ese personaje para Bolivia sino, especialmente, los cuestionamientos a su aporte.
La polémica “histórica” de esta semana la protagonizó Samuel Doria Medina al felicitar a La Paz por su efeméride cívica y, además, llamarla “cuna de la libertad”. Aunque la etiqueta podría interpretarse de diferentes maneras, hay que recordar que la revolución libertadora de La Paz fue el 16 de julio de 1809, pero Chuquisaca ya se había sublevado contras las autoridades realistas un par de meses antes, el 25 de mayo de ese año.
Falta menos de un mes para conmemorar el bicentenario de la independencia y, con excepción de Sucre, el país no está viviendo ninguna fiesta.
El impacto de la crisis económica no da para sonrisas y, para colmo, la proximidad de las elecciones acapara gran parte de la atención ciudadana. Es lógico: entre reflexionar sobre lo sucedido hace 200 años y pensar en lo que pasará en el país el 17 de agosto, la gente tiene bien claras sus prioridades. Y es que, además de lógico, es obvio: importa el bolsillo, no la historia.
Vamos a comenzar con lo evidente: la Gobernación de Potosí tiene dinero debido a los buenos precios de los minerales, que se mantienen en buen nivel desde hace por lo menos una década. En algún momento bajaron las cotizaciones, pero sin afectar demasiado a la minería, porque luego se recuperaron.
En este año del bicentenario de la independencia, que todavía no llega a su mitad, Bolivia recibió dos tremendos “regalos” y uno de ellos fue su inclusión en la lista gris del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI).

