
SURAZO
Ya estamos cerrando el primer mes del año del bicentenario de la declaración de independencia y vale la pena repasar algunos hechos que ocurrieron hace 200 años y fueron determinantes para lo que ocurriría el 6 de agosto de 1825.
En actos sobrios realizados en Sucre, periodistas de todo el país conmemoramos el centenario de la Ley de Imprenta, que fue promulgada el 19 de enero de 1925.
El proceso por trata de personas que se ha instaurado contra el expresidente Evo Morales está en suspenso, aunque solo por unas horas. La audiencia de medidas cautelares se ha suspendido hasta este viernes debido a que su defensa presentó un certificado médico que señala que el imputado no puede movilizarse por lo menos durante cinco días por una bronconeumonía que requiere cinco días de reposo absoluto.
Este jueves, en La Paz, autoridades departamentales de Potosí presentarán oficialmente los resultados de una investigación que ha permitido ubicar un legajo de documentos inéditos del general Carlos Medinaceli Lizarazu, vencedor de la Batalla de Tumusla.
No. El titular no contiene un error tipográfico ni de número. Me refiero, precisamente, a 2025, al año recién iniciado que, pese a esa condición, yo lo considero perdido.
Comienzo a justificarme con el rótulo que llevará este año, “bicentenario”, debido a que el 6 de agosto conmemoraremos los 200 años de nuestra declaración de independencia. Si nos preguntamos cuánto se ha avanzado para festejar esa fecha como lo que es, una efeméride nacional, la respuesta es nada… o casi nada.
El escritor e historiador Raúl Rivero Adriázola ha tenido la gentileza de referirse a uno de mis últimos artículos, el titulado “Ficción y no ficción”, y no puedo hacer menos que aclarar sus dudas respecto a mis afirmaciones.
Lo primero que debo decir es que, tras haberlo leído, en otro artículo rotulado como “Sobre ‘Ficción y no ficción, de Juan José Toro” debo darle la razón en mucho de lo apuntado. Creo que mi problema, al exponer las diferencias fundamentales entre literatura e historia, es que no supe explicarme como era debido.
El director del Servicio Departamental de Deportes (Sedede) de Potosí, Edgar Gonzales, hizo aprehender al periodista Juan Orellana acusándolo de extorsión. Si él estaba en capacidad de probar esa acusación, podía haberlo hecho ante cualquier tribunal, pero eligió la justicia ordinaria y ese es el principal error en este caso.
Al presentar la reedición de un clásico de la literatura boliviana, un historiador, que además ocupa un alto cargo en una importante institución cultural del Estado, dijo que una novela podría ser fuente primaria de la historia y esa afirmación me preocupó tanto que decidí exponer mis argumentos en contra en esta columna.
Zulma Yúgar me concedió el privilegio de comentar su libro A Bolivia desde el alma en la presentación que hizo el martes en Potosí. Eso me motivó a documentarme sobre la carrera de la prestigiosa cantautora y buscar la película que protagonizó en 1974 junto a Juan Carlos Aguirre y bajo la dirección de Antonio Eguino.
Se trata de Pueblo chico, un drama de hora y media de duración que cuenta la historia de Arturo, un joven del ficticio pueblo de San Antonio de los Yamparas que vuelve a Bolivia luego de haber estudiado sociología en el exterior.
El lunes se recordó el 183 aniversario de la Batalla de Ingavi, un episodio histórico que fue motivo para la creación del Himno Nacional de Bolivia.
Con el poco estudio que se hace del pasado, la manera de conmemorar ese capítulo de la historia es más bien simplista, aunque son varias las voces que señalan que con esa batalla se consolidó la independencia de Bolivia.
En Ingavi, las tropas bolivianas comandadas por José Ballivián derrotaron a las peruanas lideradas por Agustín Gamarra, que era presidente del Perú y murió en la contienda.

