
SURAZO
Quienes pregonaron que la división en el MAS no era más que un sainete que iba a derivar en la presentación de una candidatura única —e imbatible luego de tanta publicidad gratuita— deben estar mordiéndose la lengua al revisar las listas de candidatos.
“Muchos periodistas acostumbrados a robar y vivir del dinero del pueblo”. Esa es parte de uno de los muchos mensajes que están en una publicación periodística de la cuenta del diario El Potosí en Facebook. Quien mandó el mensaje se identifica solo como “Quis Julio” y su perfil, en el que no hay fotografías personales, está restringido.
Por lo que se ve desde fuera de Sucre, el bicentenario de Bolivia no es más que una sucesión de campeonatos deportivos, retretas, competencias de atletismo, concursos sociales, serenatas y un festival de conferencias de prensa para anuncios de todo tamaño, sazonado de feriados departamentales en los que se ha cometido más de un error histórico.
Fue Mario Vargas Llosa quien se preguntó, novela mediante, “¿cuándo se jodió Perú? La interrogante impactó tanto que los latinoamericanos la copiamos enseguida para repetirla, pero cambiando el nombre de ese país por el nuestro.
En el caso de Bolivia, no me convence la respuesta que dice que el país se jodió en diferentes momentos de su historia. Por lo que he estudiado hasta ahora, hubo un punto de inflexión, una fecha precisa en la que la estantería se vino abajo y, a partir de ahí, ya no se la pudo levantar.
La humanidad ha perdido recientemente a dos de sus elementos extraordinarios, y ojo que no estoy diciendo que hayan sido buenos o malos. “Extraordinario” significa “fuera del orden o regla natural o común” y tanto Mario Vargas Llosa como el papa Francisco fueron eso: personas que destacaron, en sus diferentes campos, al extremo de que pasan a la historia con merecimiento propio.
Incapaces de saber qué hacer con él, los sacerdotes judíos llevaron a Jesús ante el prefecto Poncio Pilatos. En Juan 18:37, Pilatos le pregunta a Jesús si es rey y él responde que vino al mundo para dar testimonio de la verdad. Enseguida, el prefecto lanza una pregunta clave:
—Et quid est veritas? (¿Y qué es la verdad?)
Se supone que transcurrieron 2000 años de aquellos hechos y hasta ahora no encontramos una respuesta convincente a esa pregunta.
En Potosí hemos pasado de haber depositado las expectativas sobre las potencialidades del Salar de Uyuni para nuestro futuro económico a una angustiante incertidumbre sobre el futuro de esas reservas.
Lo que a mí me queda claro, después de ver pasar la historia del litio prácticamente frente a mis ojos, es que nos ha faltado información y es por eso que, por el momento, existen diversas opiniones sobre lo que está pasando con ese recurso.
En el momento en que usted está leyendo este artículo, Tumusla sigue siendo el mismo de antes con una excepción: su plaza de homenaje, esa que evoca la histórica batalla de 1825 ha sido remodelada.
Ahora, la plaza tiene baldosas, arcos, balconcillos miradores y gradas hacia el camino asfaltado que lleva hasta Villazón y Potosí. El alcalde de Cotagaita, Daniel Llanos, me dijo que la obra se ejecutó a través de la Unidad de Proyectos Especiales (UPRE), con instrucción del presidente Arce y un costo aproximado de 1,7 millones de Bolivianos.
La Paz ha decidido instalar Sistemas de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) en alrededor de 25.000 vehículos de transporte público de pasajeros. Parece una información más generada en la sede de gobierno, pero, en realidad, se trata de un importante paso hacia el tan necesario control en ese servicio.
Gracias a la Ley 1854, que los potosinos rebautizamos como “Ley Valda”, en alusión a su autor, las empresas Copla Ltda. y la chilena Quiborax permanecieron en el Salar de Uyuni durante un tiempo en el que nadie protestó por su presencia. Se dedicaron, principalmente, a la producción y comercialización de productos derivados del boro, entre ellos el ácido bórico. Eso determinó que se permitiera el ingreso controlado de precursores a esa región.

