GONZALO MENDIETA ROMERO

CARTUCHOS DE HARINA

25/06/2017

He seguido la caída, en cámara lenta, del expresidente de YPFB, Guillermo Achá. El asunto gordo en el que está involucrado ha promovido (con razón) un gasto de tinta comparable al agua de la represa de La Angostura, en tiempo húmedo. Su acusador, el senador Ortiz, ha hecho la labor que no ejercen otros opositores, más empeñados en surfear la noticia de cada día, a falta de ideas, para ver si sacan algún rédito de chiripa.

11/06/2017

Con aire de sabios, atribuimos a las redes sociales el apogeo del narcisismo, las selfis, la autopromoción (“compré un geranio”, “mi ardilla se dio un atracón de bellotas”, “me entrevistarán en el canal policial para narrar mis recuerdos de la campaña de Paquito en los años 80”, etc.) y la levedad.

28/05/2017

Ya nadie defiende la elección para reclutar magistrados. En otro escrito largo planeo recordar el origen de esa creación malosa, romántica e infantil. Pero la pregunta ácida de las elecciones judiciales es por qué el Gobierno querría desprenderse del mazo, es decir de jueces y fiscales, para hacerse obedecer. Con ciertos límites reales de legitimidad (por ejemplo, no puede fusilar ni lapidar), formas y apariencia (necesita armar casos con visos jurídicos), la justicia es hoy, grosso modo, la voluntad del poder político.

14/05/2017

En nuestro amado país el tráfico es una metáfora de la vida común y de la política. Se aprende más observándolo que estudiando sociología en las facultades generosamente dedicadas a ese fin u oyendo a los sociólogos que, turnándose con los economistas, han secuestrado la política nacional hace décadas, en perjuicio de los abogados.

30/04/2017

También me gusta la libertad hasta el capricho. Y que los gobernantes sean ilustrados, cuerdos y benignos. Pero hace tiempo me tinca que la conjunción de todos esos excepcionales elementos tampoco acompañará nuestro futuro, pese a que lindo sería.

En estos años el sustrato de la oposición al MAS ha sido el clivaje democracia/autoritarismo. Esa prédica ha tenido razones, no éxito. A la mayoría le interesa la igualdad y, menos espiritualmente, el bienestar y el consumo. La restricción de las libertades no es de inquietud mayoritaria porque, total, la sufren otros.

16/04/2017

Estoy afligido porque el Presidente se encuentre sin un vital instrumento de trabajo, es decir sin voz. Los envejecidos, que en colegio tuvimos maestros de idiosincrasia local que ni querían ni tenían los medios para extranjerizarse, sabemos que eso quiere decir en lenguaje popular: quedarse ch’aja (sin voz o con voz casi inaudible, si bien ronca).

02/04/2017

Una opción estos días era pretender ser el Avaroa del siglo XXI, como el ministro de Defensa y poeta del sí (recomiendo ese monosilábico poema, obra de la antología de la patafísica, no es broma), y mentar la abuela a los chilenos. Y nobleza obliga: al leer sobre todo una declaración destemplada chilena y percibir la prepotencia, estuve a un tris de supurar pus y hacer comparsa con el ministro lírico. Luego pensé que una influencia intelectual superior al ministro, sin ánimo de ofender, es Cicerón. Para él, son los segundos pensamientos los mejores.

19/03/2017

Me encontré con una sorna histórica de las que sólo pueden provenir del humor, pero de uno como el de la divina providencia. Ése que se adelanta décadas o centurias a lo que pasará, dejando sólo a los fantasiosos —o a los ocultistas— advertir sus arranques de comedia. En los años 30, el fundador del Partido Obrero Revolucionario (POR), José Aguirre Gainsborg, eligió un profético seudónimo: “Max Fernández”. Aguirre no sabía el signo que ese nombre tomaría 60 años después en la política boliviana, pero la historia tiene sus duendes.

05/03/2017

En un librito me topé con una macanuda caracterización, de boca de Víctor Paz. En los años 40, él decía que el MNR era la facción “un poco loca” del gabinete de Villarroel. El objetivo de esa facción era, según Paz, refrenar a las otras: “la medio loca” y “la desquiciada”. En esta última fija estaban los que ordenaron los fusilamientos de 1944. El fin trágico de Villarroel nos hizo olvidar esas historias del desvarío.

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