
CARTUCHOS DE HARINA
Un amigo economista exponía que en toda política económica “siempre hay quien pierde”. Lo repetía con la naturalidad del ducho, de tanto explorar su campo y no inmutarse ya, aunque perciba el dolor ajeno. Los abogados no tenemos con qué criticar, sin embargo, ese talante.
Conozco a Humberto Vacaflor hace años y tengo aprecio por su carácter y su carrera. Nuestra relación cae quizá en la categoría de las simpatías sin frecuentarse. Vacaflor es de los raros cultores de la ironía en el país. Y no hay muchos que tengan en su haber duelos con Gonzalo Sánchez de Lozada y Evo Morales en el zénit de su imperio. En circunstancias semejantes, otros callan o activan las papilas gustativas para adular mejor.
Vivo en una calle 6, a la que no he intentado cambiarle el cartel. Por eso lanzo aquí piedras con culpa, con techo de vidrio. Es que estas líneas me eran irreprimibles ya; llevaban años de maceración biliar. Las expulso contra una insípida moda de ciertas (no tan) nuevas urbanizaciones en las que residen clases medias y altas.
Entre el desprecio iletrado por el pasado nacional y el (inclemente) egocentrismo del Gobierno (por favor, piedad) que este tiempo trasmina, asombra y alienta que, lejos de quemar libros, se publiquen.
Voy a ensayar aquí un coctelito trepador entre Maquiavelo y los choques del Gobierno y la Central Obrera Boliviana (COB), que todavía son meros empujones de amigotes desencontrados por Enatex. Nada aún que inspire broncas cinematográficas o mayor conmoción. Quién sabe Maquiavelo ayude a ver si hay algo más allá de estos altercados de camerino de fútbol.
Ya se puede leer la demanda de Chile por el Silala, en Internet. Y si nos atenemos a los jefes de la reacción dura en asuntos políticos internos (para disfrazar sus fracasos), bastará ver pasar las aguas del Silala. Todo estaría dicho respecto al éxito nacional ante la demanda chilena.
Pensaba escribir una sentida proclama a favor de las libertades públicas, pero hay muchos postulantes en la cola de los que desafían al ministro Quintana (JRQ). Es que la medicina del miedo no es del todo efectiva. Si lo fuera, los herederos de Gengis Kan seguirían gobernando el mundo (Zavaleta casi dixit).
En la investigación parlamentaria de los contratos de la Camce, el Gobierno y la oposición (más vociferante cuando se trata de pegarle sólo al MAS) tuvieron el tacto de no pisar (mucho) los callos de la China. No se vio, por ejemplo, desfilar a ningún gerente chino –la exgerente boliviana está presa– de Camce. Quién sabe nada podían agregar o no había intérpretes, como cuando fue Félix Patzi. Los chinos no están para macanas, como entretener al público nacional.
Félix Patzi, gobernador de La Paz, fue a prestar declaración a la comisión legislativa que indaga los contratos que la empresa china Camce se adjudicó con gran fortuna. No sé si Camce sea el ejemplo de cómo el régimen tratará a la inversión extranjera en adelante, pero por algún lado hay que empezar, así sea chapuceramente, habrán dicho los responsables del Estado en su momento. Fregándola se aprende.
No, ni los más protervos oficialistas (ni los fachos) imaginarían ahora y aquí, por ejemplo, hacerle algo como el título de esta columna a un jesuita. Menos por las filípicas que Albó se despachó a los “taitas” del MAS, cual obispo medieval aunque sin mitra ni indumentaria.

