
GONZALO MENDIETA ROMERO
CARTUCHOS DE HARINA
06/03/2016
E l melodrama está muy a gusto instalado en nuestra política. Nada se concibe –por ejemplo en el Gobierno– sin pensar en una audiencia impresionable o en la forzada presencia de ánimo del galán de la novela, sea el Presidente u otro el intérprete de turno. Todos van pendientes del golpe emotivo, de la sinuosidad de la trama y del inminente desenlace de cada capítulo, al final inocuo. El melodrama devora a la política, como Percy Fernández da fin a una marraqueta.

