
VUELTA
El presidente Luis Arce realizó un análisis muy optimista y poco autocrítico de sus primeros seis meses de gestión. En suma, dijo que lo bueno comenzó cuando él llegó y que todo lo malo fue obra del Gobierno “golpista” de la exmandataria Jeanine Áñez, un guion del pasado que ya no sirve para explicar el presente.
A fines de la década de los 60 del siglo pasado, cuando gran parte del planeta vivía una euforia de transformación, estudiantes parisinos acuñaron una frase que se convertiría en consigna y símbolo de las aspiraciones de una generación: “la imaginación al poder”.
Con esto se quería decir que ya estaba de buen tamaño que sean solo los políticos, los militares, los empresarios y otros poderosos los que dictaran las normas de cómo había que vivir e, incluso, de qué es lo que había que sentir.
Los alcaldes y gobernadores electos recibieron, en las últimas horas, las credenciales que los acreditan como tales y el Gobierno vio así esfumarse la posibilidad de revertir o bloquear la ola opositora que se adueñó de las principales gobernaciones y municipios del país.
Los viejos tiempos no están muy lejanos, el fantasma de José Stalin anda suelto y el coreano Kim Jong-un tiene colegas sudamericanos que quieren seguir sus pasos. La historia tiene sus caprichos y no es difícil encontrar a la vuelta de la esquina personajes que parecen extraídos de antiguos manifiestos.
En la cadena del poder regional del socialismo del siglo XXI, Ecuador se ha convertido en el eslabón perdido y el expresidente Rafael Correa en el gran derrotado de las elecciones del pasado 11 de abril. Algo parecido a lo que le pasó a Evo Morales en Bolivia, una sombra densa detrás de las candidaturas del MAS que finalmente vio esfumarse su deseo de mantener influencia personal sobre los responsables de los gobiernos departamentales.
El problema de no haber escrito bien nuestra historia es que viene cualquiera, la reinventa y se instala la gran confusión.
A principios de la década de los 90 del siglo pasado, por ejemplo, a alguien se le ocurrió la brillante idea de afirmar que la hoja de coca que se cultivaba en el Chapare era tan sagrada como la de los Yungas.
El MAS juega con el cansancio de la gente. La resistencia cívica a los atropellos y abusos del Gobierno ha comenzado a perder fuerza y la expresidenta Jeanine Áñez parece hoy más sola que nunca en su celda de la cárcel de Miraflores. La indignación seguramente persiste, pero ya no es el detonante de grandes movilizaciones, ni de una sostenida protesta, salvo en las redes, donde se libra una batalla cotidiana.
En otros tiempos la consigna de las organizaciones de izquierda era crear uno, dos y hasta tres Vietnam. En la mayoría los casos ese intento no prosperó e incluso Vietnam transitó rápidamente del comunismo al capitalismo hasta experimentar un boom de desarrollo en los primeros años de la década de los 90.
El MAS perdió las elecciones municipales en ocho ciudades del país: La Paz, El Alto, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija, Oruro, Potosí y Trinidad; y sólo tiene asegurados tres de los nueve gobiernos departamentales: Cochabamba, Potosí y Pando. En los otros departamentos lo más probable es que vaya a una segunda vuelta, donde la oposición podría sumar fuerzas y derrotar a los candidatos oficialistas.
El canciller del Estado Plurinacional de Bolivia, Rogelio Mayta, justificó el despido de más de un centenar de diplomáticos de carrera diciendo que se trataba de “respingones” o, lo que es lo mismo, jailones, un adjetivo de uso común, sobre todo entre las autoridades del actual gobierno para descalificar a los adversarios y profundizar brechas artificiales que solo sirven para dividir más a los bolivianos.

