
VUELTA
Con seguridad, a nadie en el mundo le interesa que Rodrigo Paz supuestamente haya ganado la elección del año pasado gracias a TikTok. Es más, en foros como Naciones Unidas debió sonar mal que un mandatario desaprovechara parte del corto tiempo asignado para su intervención para contar que llegó hasta allí gracias a la tecnología y a las habilidades de una de sus familiares.
Sin la anestesia del gradualismo y con un mensajero que estuvo recientemente en el centro de una polémica por corrupción, el gobierno decidió finalmente avanzar en una de las medidas económicas más difíciles y, al mismo tiempo, más previsibles de su gestión: la eliminación del subsidio al diésel.
El problema no es solamente la medida. Es, sobre todo, el momento.
Bolivia quedó fuera del radar en la gira que el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, realizó por América Latina. El funcionario estadounidense fue recibido por el presidente Daniel Noboa en Quito, por Abelardo de la Espriella en Colombia y por la mandataria peruana Keiko Fujimori en Lima.
Si uno se atuviera a la primera versión del Gobierno y las Fuerzas Armadas sobre la tragedia que enlutó a Viacha el viernes pasado, a esta hora no se estaría lamentando la muerte de nueve personas, la desaparición de un número similar y las heridas, de diversa gravedad, que las explosiones provocaron en casi un centenar.
No en uno. En varios. Desde el 8 de noviembre de 2025, el presidente Rodrigo Paz cometió varios errores y desperdició inmejorables oportunidades. De la combinación o superposición de ambos estuvo, lamentablemente, plagado el camino en los primeros nueve meses de su gestión.
A estas alturas puede concluirse que uno de sus primeros errores fue encabezar, el mismo día de su posesión y con un entusiasmo inocente, la caravana de cisternas que supuestamente iba a resolver para siempre el dramático problema del desabastecimiento de combustibles.
Se ha dicho mucho en los últimos días sobre el atentado contra Nadia Beller y la detención del estratega político argentino Fernando Cerimedo, pero, sin duda, el silencio del presidente es lo más significativo y “ruidoso” de todo.
Rodrigo Paz se limitó apenas a expresar su solidaridad con la víctima, pero no comentó nada sobre la gravísima acusación que pesa sobre su asesor principal y menos sobre las denuncias de corrupción que supuestamente involucran a su entorno más íntimo.
No queda más remedio que dar la razón a los más escépticos e incluso a los que, a veces, parecen amargados: a los que dicen que político honesto es como aguja en un pajar o a quienes advierten que los gobiernos cambian, pero las mañas siguen. Y es que todos los días hay más escándalos y menos razones para creer.
Es importante saber lo que la gente opina del Gobierno, pero lo es aún más conocer lo que siente respecto al futuro del país.
Después de unos pocos meses en los que parecía haberse instalado una renovada esperanza y se creía que las cosas podían ser distintas y mejores de como las había dejado la administración anterior, hoy, lamentablemente, no se advierten señales claras de cambio, sobre todo en aquellos temas que afectan de manera directa la vida cotidiana de los ciudadanos.
Cuando Gonzalo Sánchez de Lozada llegó al gobierno en 1993 realizó un profundo cambio en la organización del Poder Ejecutivo. Creó tres superministerios –Desarrollo Económico, Desarrollo Humano y Desarrollo Sostenible–, que respondían a una nueva visión y seguramente al objetivo de hacer menos compleja la ejecución del Plan de Todos.
Después de una sucesión de advertencias, planteadas prácticamente desde el inicio de la gestión del Gobierno de Rodrigo Paz, finalmente Samuel Doria Medina decide dar un paso al costado y "seguir por un camino separado".

