
VUELTA
El Gobierno dedicó un largo comunicado de más de 10 párrafos para responder a una advertencia de Evo Morales sobre la inminencia de la aprobación de un estado de sitio.
En lugar de no decir nada, que era lo correcto tratándose de la declaración de un personaje desprestigiado y con poco o ningún poder sobre los movimientos sociales, se optó por una larga respuesta que lo único que hace es dar al dirigente cocalero un espacio de representación que en realidad no tiene.
¿Será que Evo Morales realmente se despide de sus bases? En un mensaje navideño dirigido a los cocaleros del Chapare, el expresidente habló de dejar sus tierras a las seis federaciones de cocaleros, como si se acercara el momento de su detención o de su renuncia definitiva a continuar encabezando los sindicatos del trópico de Cochabamba.
Cuando uno lee los más recientes comentarios de la gente en las publicaciones de TikTok de Edmand, Lara puede advertir que el vicepresidente ya no goza de la simpatía de la que gozaba el candidato.
La explicación es más o menos sencilla. La gente admite y celebra las ocurrencias “inofensivas” de un aspirante, pero cuando ese personaje se convierte finalmente en autoridad, lo mínimo que se le pide es responsabilidad.
Por los resultados de las recientes elecciones en países de la región, parecería que la narrativa de la inseguridad y el miedo ha sido determinante para que se produzca el tan mencionado giro hacia la derecha, cuya más reciente expresión es el triunfo del ultraconservador José Kast, en Chile.
Al cabo de un mes de gestión del presidente Rodrigo Paz, una cosa queda dramáticamente clara: la herencia de los gobiernos del MAS es muy pesada. No solo dejaron un país quebrado y sin ánimo, sino también un reguero de múltiples hechos de corrupción que todavía tendrán una larga secuela.
Hay que comenzar a pasar del diagnóstico a la acción. Es correcto que el Gobierno, desde el día de la posesión del presidente Paz haya marcado una línea de base, un punto de partida con el diagnóstico de la situación en que se encontró el país.
Los bolivianos necesitaban saber, aunque ya lo sentían en los bolsillos, cuál era la magnitud de la crisis y quiénes habían sido los causantes de la quiebra. Pero hasta ahí.
La telenovela de Edmand Lara, a la que no le faltan ingredientes de pasión, ambición y cosas peores, ha ingresado ya en su tercera semana de emisión sin que hasta la fecha se pueda saber con certeza cuándo es que se llegará al último capítulo, si habrá o no final feliz o si el suspenso será la tónica permanente.
Por donde se vea, robo. El diagnóstico presentado por el presidente Rodrigo Paz el fin de semana es alarmante. Más de 15 mil millones de dólares se habrían desviado en los últimos años y se supone que han comenzado ya las investigaciones para determinar hacia dónde se fue semejante cantidad de dinero y quiénes son los responsables del saqueo.
Sí, hay que dar un voto de confianza al equipo de colaboradores que eligió el presidente Rodrigo Paz. El mandatario insistió en que ya no será un equipo representativo de sectores, sino que los elegidos van por mérito y capacidad para interpretar el sentido del compromiso con un momento de urgencia. Ya se verán los resultados.
La confianza, sin embargo, no involucra mirar hacia otro lado si hay observaciones fundamentadas contra alguno de los integrantes del nuevo equipo. La rectificación oportuna es también una señal de cambio favorable.
Mucho se ha escrito a favor y en contra del MAS durante casi 20 años y, ahora que el principal actor de la película ha desaparecido, habrá quien recuerde con nostalgia los viejos tiempos en que todas las culpas y todos los méritos recaían sobre esa sigla y sus principales líderes.
Hace 20 años no eran pocos los que decían que, por fin, las masas habían llegado al poder y que se inauguraba así un nuevo tiempo de inclusión social, de empoderamiento indígena y de inédito protagonismo popular. Sin duda, había entusiasmo.

