
VUELTA
Los meses finales de 2024 estuvieron marcados por al menos tres tendencias que seguramente influirán sobre el desenlace electoral de agosto de 2025. Por un lado, el fin de la era de Evo Morales en el MAS; por otro, el nacimiento de un todavía incipiente proyecto de unidad de las principales fuerzas de oposición y, finalmente, la agudización de la crisis económica que, ahora sí, alcanzó a reflejarse en un registro oficial de inflación de dos dígitos.
Antes de concluir el año, el Gobierno hizo una proyección bastante optimista sobre el futuro del país que contrasta con la de todos los sectores. El presidente, Luis Arce, dijo que no hay recesión, sino desaceleración económica y el ministro de Economía, Marcelo Montenegro, se atrevió a pronosticar un 2025 mejor que el 2024, con mayor producción y contención de precios.
México era tal vez uno de los últimos lugares en los que Evo Morales gozaba de alguna credibilidad entre los simpatizantes de la izquierda y la dirigencia de Morena, el partido gobernante. Hace cuatro años, cuando Morales renunció a la presidencia, el entonces mandatario Andrés Manuel López Obrador se apresuró a ofrecerle un avión de la Fuerza Aérea Mexicana para poder dejar el país con destino a la Ciudad de México, donde fue recibido como héroe por el canciller Marcelo Ebrard.
El proceso electoral que lleva hacia los comicios generales de agosto de 2025 cobró mayor fuerza y aceleración en las últimas horas, luego que dos de los protagonistas con mayor visibilidad, el expresidente Tuto Quiroga y el actual alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa anunciaran oficialmente su candidatura.
En materia de las relaciones con el gobierno del depuesto líder sirio, Bachar al Asad, la diplomacia del MAS estuvo alineada siempre con la posición promovida por el gobierno de Rusia y secundada, obviamente, por regímenes como los de Nicaragua, Cuba, Venezuela e Irán.
En 2012, por ejemplo, cuando la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó, por mayoría, una resolución de condena contra el régimen de Asad, unos cuantos países, entre ellos Bolivia, gobernada entonces por Evo Morales, votaron en contra.
Muchos interpretaron el repliegue de Evo Morales en el Chapare como la expresión más clara de su derrota frente al Gobierno. Incluso se dijo que la estrategia política de demolición personal había sido muy exitosa. Si a eso se añadía la “captura” de la sigla y la jefatura, pues todo parecía haber salido a pedir de boca.
Como cada cinco años, la historia se repite con los protagonistas de siempre. Apenas uno que otro nuevo en medio de los rostros ya conocidos. Si alguien pensaba que había llegado la hora de una nueva generación de políticos, se quedó con las ganas.
La pregunta es, sin embargo, ¿por qué, si la demanda más o menos generalizada era de renovación, no surgió alguien con ese perfil o, si lo hizo, por qué no consiguió convencer a la gente y ubicarse en el radar de las preferencias con alguna posibilidad de éxito?
En la novela por entregas del MAS, el capítulo del fin de semana sumó a dos personajes: un presidente con aires de triunfador compartiendo anuncios alentadores con los empresarios del sector productivo cruceño y un Evo Morales en repliegue, pero con la intención de mostrarse, a pesar de los fallos constitucionales y de los “antecedentes” personales, como el líder de un bloque popular que parece haber perdido el libreto.
El que impuso el apodo de “El Jefazo” fue el periodista argentino Martín Sivak, quien con ese título —El Jefazo— publicó en 2008 la que se supone es la biografía más completa del expresidente, Evo Morales. Como todo esfuerzo biográfico que se emprende cuando el personaje todavía está vivo, Sivak arriesgó a que el tiempo se encargara de corregir e incluso editar, sin su autorización, no pocas páginas en las que el autor posiblemente transitó por la elegía antes que por un acercamiento crítico a la vida de un personaje público que siempre fue polémico.
De cumplirse el objetivo de Evo Morales, sería el primer procesado por el delito de estupro en negociar su caso con la mediación de instancias internacionales. Por increíble que parezca, la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos aboga por una salida dialogada al conflicto que tiene en vilo a una parte del país desde hace casi 20 días.

