
VUELTA
Y al final, todo sigue igual. El presidente Luis Arce utilizó casi una hora y 15 minutos de televisión en el horario “prime time” sólo para reiterar que la culpa de los problemas económicos no es suya y enumerar, nuevamente, las “soluciones estructurales” que permitirán resolver los problemas, si bien nos va, en 2026. Dicho de otro modo, hay que ajustarse los cinturones porque lo que viene puede ser peor.
El presidente dice que el modelo aplicado por el MAS desde hace 18 años sigue dando buenos resultados. Es decir que los problemas que afectan a la economía son consecuencia de una estrategia de desarrollo “fantasma”, que opera desde una suerte de clandestinidad y se filtra en las estadísticas sin otro afán que el de crear la sensación — sólo la sensación— de que todo está mal.
Hace sólo siete meses en respuesta a una declaración del expresidente Evo Morales, en la que éste subrayaba la necesidad de eliminar el “cáncer” de la subvención a los hidrocarburos”, el presidente Arce respondió enfáticamente que incrementar el precio de las gasolinas afectaría a los más pobres y “eso es algo que nuestro Gobierno nunca lo hará”.
La fotografía que difunde en su primera página uno de los diarios paceños resume muy bien lo ocurrido. En ella aparecen varios empresarios paceños sonrientes rodeando al presidente Luis Arce. El diálogo había concluido en su segunda jornada y al parecer todos compartían la satisfacción de al menos haber llegado a la redacción de un documento que establecía 17 puntos de acuerdo. Nada nuevo, por cierto, pero había que mostrar que ocho horas de encuentro tenían algún tipo de resultado.
Pocos días después de haber sido anunciada su convocatoria, la idea del referéndum comenzó a perder fuerza y respaldo, lo mismo que la confianza en los resultados del diálogo económico con el sector privado.
El gobierno del presidente Luis Arce decidió dejar a Evo Morales solo y expuesto en por lo menos dos temas que podrían afectarlo directa o indirectamente. La Corte Interamericana de Derechos Humanos no aceptó la prórroga solicitada por Bolivia para cumplir con las recomendaciones emitidas en el caso de las ejecuciones extrajudiciales en el hotel Las Américas de Santa Cruz, por lo que el caso pasará a la CIDH, donde será tratado sin interferencias, no protección política.
La principal lección que deja el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, al haber anunciado que no va más en la carrera por la reelección, es que en política una retirada a tiempo vale más que una derrota anunciada. Aunque para algunos se trata de una decisión tardía, lo importante es que la tomó y demostró que, para él, hay prioridades nacionales que van más allá de las ambiciones personales.
El gobierno trató de sacar la mayor “punta” posible al tema del alzamiento de un grupo de militares que tomó la plaza Murillo. Lo hizo internamente, pero sobre todo fuera, aprovechando que precisamente en esos días se realizaba la Asamblea General de la OEA, el debut de Bolivia en el Mercosur y la visita del presidente Lula al país. Mejor escenario imposible.
No se necesita ser muy riguroso para saber que la principal preocupación de los bolivianos tiene que ver hoy con la crisis económica y sus consecuencias en la vida cotidiana.
Bolivia no puede estar en un peor momento. A la inestabilidad económica y social debe sumarse, ahora, después de más de 40 años, una alarmante fragilidad democrática. Que un general despechado resuelva tomar la plaza Murillo para expresar su malestar personal, ante lo que considera una lealtad no correspondida del presidente, tiene más de tragedia que de comedia, aunque no carezca de lo último.

