
VUELTA
El presidente Luis Arce está ante una encrucijada decisiva para el rumbo que puede tomar la economía del país. O se aferra a las fórmulas que aparentemente permitieron un desempeño positivo de prácticamente todos los indicadores económicos, pero que respondían fundamentalmente a una coyuntura internacional favorable, o adopta decisiones que, si bien pueden ser contrarias a los esquemas aplicados durante los últimos 14 años, se ajustan a una realidad global compleja y desafiante y a condiciones internas que revelan una preocupante fragilidad.
El 22 de enero de 2006, Evo Morales juró –es un decir– a la presidencia de la todavía república, con una agenda muy nutrida, en su mayor parte heredada de los conflictos de octubre de 2003 o impuesta por una realidad que no aguantaba más con el orden de las cosas. Pero sobre todo, lo que marcaría la diferencia entonces era el origen étnico del nuevo mandatario. Un indio en el poder fue una ruptura más que significativa y para muchos esperanzadora, aunque la fuerza de la seducción se desvaneciera con el tiempo.
Es en serio. Luis Fernando Camacho busca el milagro y hasta ahora no le va del todo mal en su nueva campaña/peregrinación hacia Palacio de Gobierno. Con un 10% en las encuestas y la expectativa de crecer en el oriente, el candidato de Creemos quiere llegar otra vez a la plaza Murillo, de la mano de Dios y con el crucifijo en la mano.

