
VUELTA
La pandilla es por lo general un grupo de amigos que se reúnen para dar un objetivo a su vida. Al menos eso es lo que dicen los diccionarios. Quiere decir, además, que los pandilleros no tienen por qué ser malos o delincuentes y que el término no es siempre despectivo, aunque por ignorancia algunos le den solo ese sentido.
No deja de ser tedioso debatir sobre lo que está bien y lo que está mal en el país. Desde hace años, más de 14, que no encontramos una salida a lo que viene pasando. Y parece que hacia delante no habrá muchos cambios.
Entre un Gobierno que no quiere escuchar y una oposición que no encuentra la manera de hacerse oír, el círculo vicioso está completo.
El presidente Luis Arce realizó un análisis muy optimista y poco autocrítico de sus primeros seis meses de gestión. En suma, dijo que lo bueno comenzó cuando él llegó y que todo lo malo fue obra del Gobierno “golpista” de la exmandataria Jeanine Áñez, un guion del pasado que ya no sirve para explicar el presente.
A fines de la década de los 60 del siglo pasado, cuando gran parte del planeta vivía una euforia de transformación, estudiantes parisinos acuñaron una frase que se convertiría en consigna y símbolo de las aspiraciones de una generación: “la imaginación al poder”.
Con esto se quería decir que ya estaba de buen tamaño que sean solo los políticos, los militares, los empresarios y otros poderosos los que dictaran las normas de cómo había que vivir e, incluso, de qué es lo que había que sentir.
Los alcaldes y gobernadores electos recibieron, en las últimas horas, las credenciales que los acreditan como tales y el Gobierno vio así esfumarse la posibilidad de revertir o bloquear la ola opositora que se adueñó de las principales gobernaciones y municipios del país.
Los viejos tiempos no están muy lejanos, el fantasma de José Stalin anda suelto y el coreano Kim Jong-un tiene colegas sudamericanos que quieren seguir sus pasos. La historia tiene sus caprichos y no es difícil encontrar a la vuelta de la esquina personajes que parecen extraídos de antiguos manifiestos.
En la cadena del poder regional del socialismo del siglo XXI, Ecuador se ha convertido en el eslabón perdido y el expresidente Rafael Correa en el gran derrotado de las elecciones del pasado 11 de abril. Algo parecido a lo que le pasó a Evo Morales en Bolivia, una sombra densa detrás de las candidaturas del MAS que finalmente vio esfumarse su deseo de mantener influencia personal sobre los responsables de los gobiernos departamentales.
El problema de no haber escrito bien nuestra historia es que viene cualquiera, la reinventa y se instala la gran confusión.
A principios de la década de los 90 del siglo pasado, por ejemplo, a alguien se le ocurrió la brillante idea de afirmar que la hoja de coca que se cultivaba en el Chapare era tan sagrada como la de los Yungas.
El MAS juega con el cansancio de la gente. La resistencia cívica a los atropellos y abusos del Gobierno ha comenzado a perder fuerza y la expresidenta Jeanine Áñez parece hoy más sola que nunca en su celda de la cárcel de Miraflores. La indignación seguramente persiste, pero ya no es el detonante de grandes movilizaciones, ni de una sostenida protesta, salvo en las redes, donde se libra una batalla cotidiana.
En otros tiempos la consigna de las organizaciones de izquierda era crear uno, dos y hasta tres Vietnam. En la mayoría los casos ese intento no prosperó e incluso Vietnam transitó rápidamente del comunismo al capitalismo hasta experimentar un boom de desarrollo en los primeros años de la década de los 90.

