
VUELTA
Las instituciones estatales más solidas se desmoronan cuando no existen los límites que aseguren su autonomía e independencia y quedan expuesta a un manoseo que termina por socavar sus fundamentos.
El presidente Luis Arce sacrificó un peón para mantener su alfil en el tablero de la partida interna que se juega en el Movimiento al Socialismo, pero posiblemente no haya advertido que su adversario sumó un “caballo” disfrazado de peón para ocupar un espacio más cerca de la casilla del rey.
La brusca caída de la aprobación del presidente chileno, Gabriel Boric, que en sólo dos meses de gestión llegó a menos del 30%, se presta a varias lecturas. Las más tradicionales podrían relacionarse con promesas incumplidas o demandas postergadas, pero parece muy prematuro sacar ese tipo de conclusiones en un tan corto período.
La reciente noticia sobre la participación de altos jefes policiales bolivianos en una especie de cartel internacional del robo de vehículos confirma que la policía es todo menos una institución del orden y que los síntomas de descomposición que muestra son resultado de una enfermedad que afecta a otras instancias y corroe los fundamentos del Estado.
No se puede aspirar a ser blanco o a ser a auténticamente indígena originario. En realidad es un poco confuso esto de la autoidentificación y algunos teóricos lo vuelven prácticamente incomprensible.
La gente esperaba un Arce menos agresivo o de agresividad disimulada y, cuando apareció, los bonos del Presidente en las encuestas comenzaron a subir. De un estudio a otro hay pocas diferencias: más del 50% aprueba la gestión y se insinúa también un mayor optimismo respecto al futuro.
Como van las cosas y después del espectáculo narcoalarmante que vivimos durante las últimas semanas parecería que el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, se ha convertido en la última barrera para impedir que las seis federaciones cocaleras del Chapare tomen el control total de esa cartera, el de la Policía y el de un Órgano Ejecutivo que en su afán de cortar amarras incómodas o de distinguirse de ciertos grupos parecería haber puesto el dedo en una peligrosa llaga.
Las relaciones entre el sector privado y el Gobierno no han sido buenas desde el primer día de la gestión del presidente Arce y ahora pasan por su peor momento. A pesar de innumerables solicitudes de los empresarios para poder conversar formalmente y aportar a una agenda de reactivación económica, las puertas de las principales dependencias públicas han permanecido cerradas.
Cuando el río político suena es que trae piedras más grandes de las que se cree. Que el Presidente se haya visto obligado a difundir un “frío” comunicado para ratificar su lealtad a Evo Morales dice mucho del momento “intenso” por el que pasa el partido de gobierno.
Un sondeo entre líderes de opinión de distintos sectores, realizado para la fundación Friedrich Ebert Stiftung entre febrero y marzo de este año, permite aproximarse a la radiografía de un país lamentablemente polarizado que se mueve, como casi siempre, entre el fatalismo y un optimismo muy moderado.

