
VUELTA
En menos de 48 horas el gobierno dio algunas señales curiosas. No se puede decir alentadoras, porque las cosas cambian de un día para el otro, pero hay que apuntarlas.
Que el ministro de Justicia haya abierto la posibilidad de lograr un nuevo consenso para la reforma de la justicia con las fuerzas de oposición, no deja de sonar bien. Que se haya suspendido la convocatoria a los postulantes, también es un paso interesante.
Cuando alguien elude responsabilidad sobre algo y se la pasa alegremente a otro, vulgarmente se dice que le echó la culpa al muerto. Y hay “muertos” útiles para todos los temas, salvo para aquellos en los que ya es imposible que alguien se trague un sapo con dimensiones de fábula.
Lo anterior viene a cuento a raíz de las declaraciones del reaparecido vocero gubernamental, quien sin ruborizarse dijo que la crisis económica es un invento de la derecha nada menos que para “acortar el mandato del presidente”.
La semana pasada, el presidente dijo que Bolivia iba a decepcionar nuevamente a los organismos internacionales, porque el crecimiento del PIB iba a superar los desalentadores pronósticos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Arce se atrevió a reafirmar que el crecimiento para el 2023 llegará al 4,7% proyectado en el presupuesto del Estado.
A fines de diciembre de 2010, el gobierno del entonces presidente Evo Morales aprobó un decreto que disponía la eliminación de la mayoría de los subsidios al combustible, con incrementos de 82% en el precio del diésel y del 72% en la gasolina.
La historia los unió accidentalmente y ahora los separa. Después de varios experimentos, violentos y fallidos, Álvaro García Linera buscó en la academia y los medios de comunicación el espacio para cambiar su imagen pública. De integrante del grupo terrorista que asaltó e intentó consumar algunos atentados en la década de los 90, transitó hacia la docencia en la UMSA y la opinión temporal en el espacio que dejó libre Carlos Mesa en los noticieros de PAT.
En lugar de generar certidumbre y recuperar la confianza de la gente, el Gobierno se ha enfrascado en un duelo verbal con el expresidente Evo Morales sobre quién sabe más de economía. Lo bueno de esa disputa es que finalmente el ministro Marcelo Montenegro dijo una verdad que otros dijeron antes: las gestiones de Morales dejaron factura y una monumental mentira: que vivíamos sobre un mar de gas.
El Gobierno confía en que todo mundo dé vuelta la página después de la semana más difícil de la última década. Pero no será tan sencillo volver a la normalidad. De hecho, es mucho lo que ha cambiado en muy poco tiempo.
Ni siquiera la estudiada decisión de participar en el congreso del MAS en Yapacaní servirá para apaciguar los ánimos políticos y la desconfianza económica.
Hasta hace pocos meses hablar de un Gobierno débil del MAS parecía imposible, pero considerando las amenazas que agobian hoy la gestión del presidente Luis Arce, hoy no hay otra manera de describir la situación. Arce está rodeado por todos los flancos y hasta ahora no demuestra mucha habilidad política o técnica para encontrar una salida.
En el MAS no queda títere con cabeza. La guerra de denuncias abarca todos los temas y toca a distintas personalidades e instituciones. El intercambio de disparos no cesa y, por lo que se ve, nadie se llama a tregua.
El presidente Luis Arce no la está pasando bien estos días. Como ministro de Economía estaba acostumbrado durante más de una década a difundir siempre buenas noticias. Es más, se dio el lujo de inaugurar la etapa del doble aguinaldo, una manera de presumir internamente y de mostrarle al mundo lo bien que estaba Bolivia. Pero los vientos no siempre están a favor.

