
SIN VUELTAS
Dos acontecimientos distintos y separados por 35 años, ¿qué pueden tener en común, al punto de encabezar una reflexión como la que compartiré hoy? A primera vista, nada. Sin embargo, las lecciones dejadas por ambos hechos, cada una de esas en ámbitos distintos, permiten llegar a un punto central y común que urge identificar, para ver si ahora somos capaces de sacarles buen provecho. Y ese punto en común no es otro que la capacidad de la gente de reaccionar y rechazar atropellos, injusticias, imposturas y excesos de poder.
Ni exagerado, ni alarmista. El riesgo que corre la democracia en Bolivia de enfrentar una alerta roja en un plazo que puede estar más cerca del medio que del final, es real. Todos los días hay señales que alimentan ese riesgo. Señales emitidas sobre todo por la cúpula que gobierna al país, pero a la que también se suman otras lanzadas desde la oposición política y, no menos importantes, otras más desde diferentes sectores de la sociedad civil.

