
SIN VUELTAS
Ay, caramba, ¡cómo son vitales hoy, como siempre, aunque más que nunca, esos ángeles terrenales que andan pululando por ahí, girando a nuestro alrededor con una luz propia tan necesaria para despejar el negro luto que amenaza cubrirlo todo! Negro luto que ha llegado colgado de un enemigo invisible que nos mantiene en zozobra desde hace ya más de un año y que, tal como van las cosas hasta ahora, está lejos de liberarnos de su mala y mutante presencia. En zozobra a muchos, pero no a los ángeles a los que aludo al inicio y que nada tienen de místicos o esotéricos.
Lo dicho y hecho por el presidente Arce y su equipo ejecutivo en los primeros cinco meses de gestión hacen prever que Bolivia se encamina a cargar con las consecuencias de otro quinquenio de oportunidades perdidas. Oportunidades de desarrollo, de crecimiento y de reconciliación nacional, tantas veces prometidas y otras tantas desaprovechadas, no por falta de condiciones materiales ni de capacidades humanas, que Bolivia sí posee, sino por la tozudez de una cúpula partidaria a la que solo le importa acumular y concentrar poder.
Violencia generalizada, sin límites, sin sanción justa, oportuna y ejemplarizadora es la que nos golpea, a diario, con mazazos que parecen ser más certeros y dolorosos en unos casos que en otros. Una variable que se mide no tanto por el tamaño o el impacto del daño causado, sino según quiénes sean los violentos y quiénes los que padecen su violencia. En muchos casos, incluso, según el interés de quienes viven de la violencia como mecanismo de control, amedrentamiento o distracción, sea en el ámbito privado o en el público.

