
LA MADRIGUERA DEL TLACUACHE
Leí hace unos días una entrevista de la BBC a la filósofa estadounidense Susan Neiman a propósito de su presencia en el “Hay Festival” de Cartagena. Neiman se autodefine de izquierda, lo que me sirve de coartada para esta columna.
La fe ciega puede conducirnos al abismo. Aunque muchas veces nos lleva a espacios edénicos. Suelo depositar toda mi confianza en los libreros, que con desprendimiento intelectual —acompañado de algún apetito comercial, obvio— recomiendan, sobre la base de un algoritmo improvisado obtenido de los textos que buscan los lectores en ese momento, libros por lo general desconocidos.
Pese a que no me tocó vivir las revueltas setenteras ni he sufrido nunca un golpe de Estado, soy hija del exilio (mi padre, chileno, escapó de los tanques pinochetistas) con un padrastro boliviano entrenado militarmente en Albania para la guerrilla, quien sufrió clandestinidades, destierros y campos de concentración con torturas físicas y sicológicas.
Analistas norteamericanos parecen coincidir en que lo que sucedió en las elecciones estadounidenses no fue tanto un triunfo de Donald Trump, como una derrota de Kamala Harris. Un dato que abona esa conclusión es que desde 2004 el candidato demócrata no perdía la mayoría del voto popular.
Analistas norteamericanos parecen coincidir en que lo que sucedió en las elecciones estadounidenses no fue tanto un triunfo de Donald Trump, como una derrota de Kamala Harris. Un dato que abona esa conclusión es que desde 2004 el candidato demócrata no perdía la mayoría del voto popular.
Ojeé hace unas semanas la entrevista en El País a la diseñadora de modas Elena Benarroch, pese a que dejé de leer ese medio español, desde que se convirtió en un panfleto sanchista (que apoya al presidente del Gobierno español). Aun así, me llamó la atención el titular entrecomillado: “Es una gilipollez pensar que si eres rico no puedes ser de izquierdas”.
De inicio pido disculpas por lo autorreferencial del texto. Sucede que hace poco encontré una fotografía de estudio de cuando era pequeña. Debía de tener unos siete años. Dicen que el buen fotógrafo tiene, ante todo, que captar la esencia de lo que retrata. Si el profesional de entonces, que retuvo la imagen en un cuartito de alguna calle de Coyoacán, conversara ahora con mi psicoanalista, se habilitaría al World Press Photo of the Year. Hay, pues, en ella, elementos suficientes que permitirían a un ajeno conocerme a fondo.
Justo cuando intentaba ubicarme en un lugar seguro dentro del debate nacional por la modificación de la Ley 348, “Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida libre de Violencia”, se me cruzó la miniserie británica de Netflix Bebé reno, que tiene aturdida a su audiencia. Una “comedia” negra basada en hechos reales, sobre el acoso sexual de una mujer al protagonista.

