
LA MADRIGUERA DEL TLACUACHE
Tenía menos de tres años cuando subí a un avión sola por primera vez. Bueno, en realidad me quejé porque no era la única en la nave; había muchos pasajeros.
Eso, dicen, me frustró: llevaban semanas lavándome el cerebro, convenciéndome de que la soledad en el aeroplano sería circunstancial y entretenida, y pues a aquella corta edad, en la que parecía por fin darme cuenta del verdadero sentido del hedonismo, di por hecho que volaría como las estrellas (o como Evo) en un gran avión privado.
La cuestión de esta columna es si los medios de comunicación deben explicitar su línea política o, por el contrario, preferir el autoengaño de jugar a no tener inclinación, aunque sea inocultable.
Los dueños de medios y los periodistas son seres humanos con preferencias, sentimientos e ideología. No sé si porque la Ley de Imprenta los aprisiona o porque temen el desprestigio, pero por costumbre local se resisten a abrir el juego. Más en estos riesgosos tiempos.
A mediados del siglo diecinueve, el venezolano Manuel Carreño se dispuso a poner en buen comportamiento a las sociedades latinoamericanas. Publicó su hasta ahora conocido Manual de urbanidad y buenas maneras. La obra contenía instrucciones sobre cómo conducirse en lugares públicos y privados y se convirtió en un referente: “hay que consultar el Carreño”.
Recuerdo, vagamente, un artículo publicado en el suplemento Ideas del tristemente extinto periódico Página Siete. Lo escribía un inquieto Bernardo Prieto que criticaba un texto previo de Gonzalo Lema –que además de gran escritor es jurista y convencido abogado–. Prieto hablaba de las “imprecisiones” de Gonzalo, al que acusaba de “juzgar el derecho como garante de la corrección moral”.
Recuerdo con nostalgia la sección de los periódicos destinada a que los ciudadanos rezongones como yo expusieran sus quejas. Una palestra denominada “Cartas al director”, en la que uno se plantaba con el reclamo hacia algún funcionario público, una empresa telefónica, o la mala utilización del lenguaje.
En un video dedicado a la Virgen María en su mes, una youtuber cuenta cómo Michele Ferrero, hijo del fundador de la marca de chocolates, creó los bombones Ferrero Rocher inspirado en la Virgen de Lourdes de la que era devoto: envoltura dorada del chocolate, textura rugosa de la capa exterior que simboliza la piedra de la que está hecha la gruta francesa de Lourdes, la forma de una cueva en el interior y una avellana en el centro que representa a la Virgen.
Es conocido que cuando a Winston Churchill le preguntaron cómo había logrado alcanzar la longevidad, él respondió “No sports” (“solamente puros y whisky”).
Churchill era un agudo provocador. Su sarcasmo confirmaba la excepción a la regla y, a la vez, la relevancia del deporte en la salud humana: el ejercicio mejora la fuerza muscular y la resistencia, envía oxígeno y nutrientes a los tejidos y contribuye al sistema cardiovascular.
Tiendo a pensar que cuando uno se asume de tal o cual corriente ideológica, de tal o cual postura política, o de tal o cual religión, lo hace con la íntima convicción de que, aun con los extremos o vicios de ciertos correligionarios, los principios compartidos ahí dentro son una guía del comportamiento.
La tristeza no es, por sí misma, una causa de muerte clínica directa. Con otras emociones “negativas” (asociadas a la depresión), empero, una persona orgánicamente sana puede comprometer su salud física y padecer enfermedades cardiovasculares. Al parecer la depresión incrementa la liberación de hormonas asociadas al estrés, las cuales inducirían a fenómenos inflamatorios o de aterosclerosis. Es decir, la pena profunda podría afectar de tal modo, que eventualmente conduciría –indirectamente- al deceso de quien la sufre.
La película Emilia Pérez estuvo nominada a los premios Óscar en no sé cuántas categorías. Sea como fuere, solo Selena Gómez merecía esa nominación. Reclutada por su ascendencia mexicana, la actriz de marcado acento gringo, debió de hacer un esfuerzo descomunal durante el rodaje para no reírse de sus propios diálogos.

